¡Alto al Feminicidio! Tarea de todos y todas

Por Martha Meléndez, comunicadora, asesora parlamentaria y conferencista.

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Cada semana tenemos que lamentar y nos indignamos por los casos de feminicidios que ocurren en el país. Las cifras son dolorosas, porque indican que pese a los esfuerzos del Estado para informar a las víctimas de la violencia sobre todos los servicios gratuitos con los que cuenta, los agresores no se detienen.

Como sociedad resulta peligroso, no defender el  derecho a la vida inherente a todo ser humano. Y más aún lo es no reconocer que detrás de cada caso de feminicidio existen diversos factores que lo desencadenan, como la pérdida de dominio del hombre sobre la mujer quien, además, decide poner fin a años de violencia física y psicológica en su relación de pareja. También está la exigencia de una madre hacia el padre de sus hijos, para que asuma las responsabilidades que la ley recoge o el exceso de confianza de la víctima de violencia que cree que reuniéndose con su ex pareja “por última vez” se acabará el calvario de que la acose exigiéndole retomar la relación.

Pero si el Estado se compromete a no bajar la guardia para enfrentar estos casos  de violencia y reducir la tasa  de feminicidios, ¿qué puede hacer la sociedad para contribuir a esa tarea? Basta con no ser indiferentes, callando o volteando la mirada, ante un hecho de violencia. Porque estos ocurren más cerca de lo que nos lo imaginamos.

Recordemos que el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP), a través  del Programa Nacional Contra la Violencia Familia y Sexual (PNCVFS), ha puesto 346 Centros Emergencia Mujer al servicio de la ciudadanía en todo el país, 100 de ellos ubicados en las comisarías. Además tiene la Línea 100, que ofrece consejería y orientación, y a la cual se puede llamar desde teléfono, incluso si no cuenta con saldo. Para el mismo fin, también existe un servicio de mensajería en tiempo real llamado Chat 100.

Reitero que debemos dejar “de lado el silencio cómplice que contribuye a la impunidad. Frente a un agresor, callar no es una opción, porque al hacerlo le damos armas para que siga maltratando a su pareja o a sus hijos”[1], un maltrato que en muchos casos tiene como consecuencia un triste final que nadie desea.

Fin


[1] Artículo Un dolor propio y no ajeno. Revista Quántica.  Recuperado de: https://quantica.pe/un-dolor-propio-y-no-ajeno/

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Licenciada en Ciencias de la Comunicación de la Univ. Femenina del Sagrado Corazón (Unifé). Ha cursado los Diplomados en Comunicación Corporativa en la Universidad de Lima y la Universidad Ricardo Palma. Estudios concluidos de Maestría en Periodismo y Comunicación Multimedia en la Universidad San Martín de Porres (USMP). Ha realizado estudios sobre campañas políticas en The George Washington University (GWU). Asesora Parlamentaria en el Congreso de la República con más de nueve años de experiencia (Despachos Parlamentarios, Comisiones Ordinarias y Especiales y Bancadas Congresales). Conferencista invitada de la Konrad Adenauer (Alemania) y el Instituto Peruano de Economía Social de Mercado (IPESM) para autoridades regionales, provinciales, locales y funcionarios de la administración pública. Ponente en las Cumbres de Comunicación Política en Lima (Perú), Quito (Ecuador) y Cartagena de Indias (Colombia).

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