Campañas políticas y redes sociales

Por Víctor Tipe Sánchez, Director del Semanario Sucesos, con diplomado de Gobernabilidad y Gerencia Política en la Pontificia Universidad Católica del Perú.

0
630

Durante los últimos años la política ha sido uno de los terrenos que más cambios ha registrado desde la aparición de las redes sociales tales como Facebook o Twitter. De hecho, en las campañas políticas estas herramientas se han convertido en tan importantes como las campañas reales en lugares convencionales como calles, plazas y mercados.

No hay político moderno que pueda prescindir de las plataformas proporcionadas por las nuevas tecnologías en la comunicación con los potenciales electorales. Esto, de ningún modo, quiere decir que los mítines y el contacto personal hayan perdido importancia en el quehacer electoral. Es claro que únicamente con las redes sociales no se triunfan en las elecciones. Tienen influencia, son necesarias, pero insuficientes.

Barack Obama fue el primer político que utilizó las redes sociales masivamente, y el éxito de sus campañas electorales tuvo como pilar precisamente ese factor: llegar a millones de hogares de una forma fácil, persuasiva, y muy barata. Sus videos se hicieron virales en cuestión de segundos y pudieron hacer llegar su mensaje directo a los votantes.

A partir de allí, muchos otros copiaron el “modelo Obama” con mayor o menor éxito. En el Perú, uno de los primeros candidatos en utilizar las redes sociales fue Pedro Pablo Kuczynski en el proceso electoral del 2011. Aunque no obtuvo una victoria en esa ocasión, sentó las bases para las futuras campañas basadas en gran medida en estas nuevas plataformas.

Es cierto que, de por sí, los contenidos propalados por las redes sociales pueden tener enorme impacto en el público. De hecho, las redes se están convirtiendo en las plataformas preferidas por los políticos para lanzar informaciones (léase textos, vídeos o audios) que sirvan a sus objetivos. Sin embargo, estos mensajes potencian su efecto cuando son rebotados por los medios de comunicación tradicionales.

En estos tiempos, es común ver que las redacciones periodísticas utilizan a las redes sociales como fuentes de información. De ese modo, ambos, redes sociales y medios tradicionales, establecen una curiosa simbiosis que pueden catapultar candidaturas o causar verdaderas hecatombes (gran catástrofe) en una campaña.

Un caso ocurrido en el Perú confirma el comentario anterior. En la campaña del 2016, algún espontáneo grabó al candidato Alfredo Barnechea rechazando un sánguche a una humilde comerciante, durante el recorrido por un mercado. Las imágenes se viralizaron, acompañado de ironías y feroces comentarios de cuestionamiento a la acción del político. Los diarios y canales de televisión rebotaron la noticia y surgió el fenómeno Bola de Nieve. El resultado: un serio declive en las intenciones de voto del aspirante presidencial y, al final, la derrota.

Las redes sociales tienen sus propias características y dinámica, distinta a los contactos reales. Evidentemente tiene ventajas diferenciadas en relación a los medios tradicionales, como la interactividad, la inmediatez o tiempo real, la personalización, variedad y la mayor cobertura del mensaje.

Sin embargo, no todo es bueno. Como todo avance tecnológico, estas nuevas plataformas traen beneficios y prejuicios. Existe una gran dosis de riesgos con la presencia de los llamados hackers y los trolls, así como la ausencia de una legislación adecuada para frenar los excesos verbales durante el intercambio de ideas y la difusión de información falsa, a través de los llamados fake.

En el país, los trolls han crecido exponencialmente. Verdaderos ejércitos son utilizados por los partidos políticos y hasta el aparato estatal en las redes sociales para defender una idea o atacarlas con fiereza. Y en ese campo de batalla en que se han convertido los espacios virtuales ocurre de todo, los excesos son moneda común y la responsabilidad y la ética son palabras desconocidas.

Es indispensable marcar la cancha, establecer códigos para evitar ese tipo de manifestaciones que solo ensucian el debate político y empañan los mensajes de los candidatos. Por eso algunos expertos como Elaine Ford, Directora de Democracia y Desarrollo Internacional proponen que el político no ataque, sino construya mensajes y transmita a través de los usuarios.

La búsqueda incesante de likes y de share no puede convertir a las redes sociales en espacios de diatriba y ofensas públicas. Está por encima el debate alturado, el intercambio de ideas y el cotejo de planes de gobierno que, finalmente, es el sustento del sistema democrático.

Suscríbete a nuestro boletín

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here