Comunicación Gubernamental en tiempo de Catástrofes

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Habitualmente ante cualquier crisis, sea de carácter natural, político, económico o social, los entes gubernamentales tienen la constante de actuar siempre de manera reactiva, lo que conlleva que el daño de la misma catástrofe sea mayor al esperado.

Esta situación -que trasciende países- se debe principalmente a la falta de planificación estatal, a la escaza formación hacia la ciudadanía y a la burocracia propia de cualquier gobierno. Mover el aparato estatal es y será siempre muy difícil, lo que no significa que no se pueda hacer y que debamos resignarnos a ello, sino que, asumiendo esta realidad debemos tener planes actuales, probados e interiorizados tanto en las entidades de gobierno, como en la población.

El caso de las lluvias que azotaron Lima y el norte de Perú, dejando 75 muertos, 100 mil desplazados y más de medio millón de afectados, es en parte reflejo de esa reactividad gubernamental. Ello no significa eliminar las lluvias, es actuar preventivamente ante hechos como éste. Sin embargo, lo vivido acá es una constante mundial, hasta los países más avanzados caen tardanza para actuar.

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Chile: Territorio de Catástrofes

Según informaciones científicas, el terremoto del 27 de febrero de 2010 (27F) en el sur de Chile se estima liberó energía equivalente a unas 100.000 bombas atómicas como las lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945. Este terremoto modificó el eje del planeta y los días se hicieron más cortos; o sea, el 27F cambió la morfología de la tierra.

Pese a que Chile está en el papel preparado para diferentes tipos de catástrofes naturales, el 27F provocó el colapso total de sus sistemas, por horas no hubo comunicación de ningún tipo el Gobierno quedó a oscuras sin que pudiera leer lo que estaba pasando en el territorio nacional.

La incapacidad de comunicación clara impidió dar oportunamente la alarma de tsunami a la población. Aún más, las primeras comunicaciones del gobierno llamaban a la calma y a la tranquilidad desestimando además el tsunami que se avecinaba. Las tres olas que después llegaron fueron de una potencia y daño mortal, 525 personas murieron aquella fatídica madrugada, la mayoría de ellos producto de los efectos del mar.

Una de las máximas de toda crisis es actuar con exagerada cautela, pero acá se subestimó el daño, actuando con exceso de confianza, otra falta grave ante una crisis; y por último, se dirigió la operación a ciegas y a 500 kilómetros del epicentro. ¿Qué claridad se puede tener bajo un escenario así?

Conclusiones de un Amanecer Triste

El 27F trajo consigo una reflexión nacional. Las fallas en los procedimientos fueron impresentables y ponen de relieve la importancia que tiene el manejo preventivo de las comunicaciones para afrontar adecuadamente cualquier tipo de catástrofes. Ello requiere además contar con una educación cívica que forme a los niños ante el actuar de la naturaleza; se necesita también que los medios de comunicación instruyan y enseñen sobre estos temas, se debe contar con un sistema alternativo de comunicación a nivel país que no dependa de la energía tradicional, y además contar en los puestos de estratégicos de personal idóneo, que cuente con competencias, habilidades técnicas y autoridad para tomar las mejores decisiones ante una emergencia.

Es imposible evitar los daños de un terremoto, un tsunami o inundaciones como las vividas en Perú. Lo que sí se puede hacer es prevenir para moderar sus consecuencias, para ello, además de educar a la población, se requieren de un Estado proactivo que oriente, destine recursos y lidere en prevención y manejo de las crisis.

Este proceso requiere de una preparación integral: ensayos a nivel de colegios, empresas y ciudades ante escenario posible. La necesidad de crear una cultura de simulacros ante los potenciales escenarios es clave para enfrentar una crisis; para ello también es fundamental contar con alarmas de alerta temprana y el monitoreo permanente que permita disminuir riesgos ante catástrofes.

Finalmente es necesario contar con instituciones profesionales y formadas en manejo de cualquier catástrofe, donde los roles estén definidos y bajo un ambiente de comunicación fluida, despolitizada y técnica, para así transmitir tranquilidad en los momentos complejos y confianza a los habitantes del país, en sus actividades preventivas, como de planificación y control.

Todo esto requiere de inversión y los costos son evidentemente altos, pero considerablemente menores a las consecuencias de no tenerlos. Es por ello que todo gasto realizado debe ser pare de una política de Estado de largo plazo y no de un gobierno de turno.

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