Comunicamos mal

Quienes creemos estar comunicando, tendríamos que tener la obligación moral de replantear qué significa comunicar. Por Francisco Tomás González Cabañas.

0

La prueba contundente de lo que afirmamos, es que en los tres poderes del estado, constituidos como instituidos, se prescinde del concepto de comunicación que no solamente tiene relación con prescindir de servicios comunicacionales que le podría prestar un profesional o quién oficie de comunicador, para dejar tal tarea en manos de amigos, familiares o entenados, cuando no, ellos mismos, en modo selfie, emitiendo el certificado de defunción a la ya nefasta y fascista “gacetilla de prensa” para dar nacimiento a esta epocalidad de imagenes casi automatizadas de móviles inteligentes que capturan instantes vanos e intrascendentes y al ser replicados se transforman, en el sinsentido de la inteligencia artificial, en una noticia digna de ser avalada, compartida y vuelta a replicar.

El poder judicial, aún mantiene (pese a encuentros, foros y discusiones, saludables, pero que no logran aún el pasaje al acto) el paradigma de que los jueces hablan por sus fallos o sentencias. Esta definición, tal vez roce aquello de su constitución, es decir cabría la posibilidad de que se constituya una suerte de foro ciudadano, o que en las aldeas en que no se dispuso, la integración de observadores o tribunales populares, en cualquier caso, que la modificación del paradigma, signifique la repercusión palmaria de que el servicio de justicia, retorna a sus fuentes, en ese viejo principio, cuando la justicia no se decía ni se pretendía “independiente” pero es forzada a dar a cada uno lo suyo.

En el legislativo, como en el ejecutivo, la batalla está perdida. Si lo pusiésemos en términos futbolísticos, estamos en el minuto 80 de juego, a 10 del final, perdiendo 3 a 0, con 1 hombre menos.

Publicidad

Basta con asistir a cualquier sesión plenaria, del cuerpo parlamentario que fuese en el vasto horizonte que nos otorgan nuestras aldeas democráticas, para dar cuenta que, hasta que no se expida una resolución que prohíba el uso de aparatos con el nefasto nombre de inteligentes, nos llevaremos la triste imagen de parlamentarios que parecen estar en una discoteca replicando imágenes  sin sentido y por doquier. Así lo atestiguan sus diversas y distintas cuentas, que solo parecen copias de copias, de tantas imágenes, que ya ni se ven, dado que no se distinguen en ese mar latoso de ego, que proponen y con el cual invaden.

Tal vez estéticamente, la imagen no sea tan fuerte, pero normativa como conceptualmente, lo que sucede entre el poder ejecutivo y la comunicación es aún más siniestro.

Quiénes creemos estar comunicando, tendríamos que tener la obligación moral de replantear qué significa comunicar y si es dable hacerlo en un sistema que propone, como en otros ámbitos que la comunicación, sea replicación o sistematización de capturas de imágenes intrascendentes que volcadas a un dispositivo, se terminan transformando en noticia o en algo destacado.

Quienes nos resistimos a ser replicadores, copiadores y pegadores, y por tanto, nos forzamos a ponernos en autocríticos, rever nuestras posiciones, salirnos de nuestras zonas de confort, además de todo esto, tendremos seguramente, el acoso, el señalamiento, como la indiferencia de quiénes creen estar ganando algo (como si de ganar se tratara en tal lógica en donde quiere hacer prevalecer el mercado, que si compraste más barato y  vendes más caro le das sentido a tu vida) a expensas de destrozar la comunicación.

Una herida de muerte, en la que lacerados caen en su mortal dolor, los que victimarios, en verdad son víctimas de las herramientas que se aprovechan de su inhumanidad. No pueden, han vendido esa posibilidad de preguntarles al de a lado qué le está pasando, pero sacan una foto, a un pasto crecido y obtienen más de 100 “me gusta” por tal engaño de esa inteligencia artificial, que de a poco les va sacando la posibilidad de volver a encontrar el alma y el espíritu, con el que fueron ungidos como seres humanos.

Suscríbete a nuestro boletín

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here