CONSTRUYENDO UN MERCADO ELECTORAL

Sobre la propuesta de eliminación de las Organizaciones Políticas locales.

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“Entender lo que pasa hoy en día es una tarea más revolucionaria que agitarse improductivamente”, es una reflexión de Daniel Inneraty, en su artículo “La política en la era de la incertidumbre” (2017), que bien puede aplicarse a las decisiones del Congreso de la República del Perú; el cual, acaba de aprobar el dictamen para la eliminación de las Organizaciones Políticas Locales, bajo el argumento, de que la Ley busca el fortalecimiento de los partidos políticos con alcance nacional; toda vez que, según lo sustentado por la Presidente la Comisión de Constitución, Úrsula Letona, los movimientos locales y provinciales lo único que han hecho es motivar el caudillismo y la compra de candidaturas.

Según este diagnóstico, los culpables de que el Perú no tenga partidos políticos nacionales, fuertes, más democráticos y menos caudillistas son las organizaciones políticas locales, los caudillos de pueblo, de barrio, ellos y sólo ellos son responsables y por tanto hay que eliminarlos; obviamente esto es una falacia; porque en el Perú no existen partidos políticos en toda la extensión de la palabra; que son aquellos que cumplen estas cinco condiciones:

1) Ideología.- Tienen una ideología o pensamiento definido sobre los aspectos sociales, económicos, culturales y políticos de su sociedad.

2) Trabajo político.- Difunden dicha ideología o pensamiento en los diversos estamentos de la sociedad para influenciar en el pensamiento de las personas y captar adeptos.

3) Cuadros políticos.-Forman líderes y operadores políticos de manera permanente, quienes son los difusores y defensores de la ideología o pensamiento partidario.

4) Democracia interna.- Seleccionan entre sus cuadros a los dirigentes que conducirán los destinos del partido político por un periodo determino y que son renovados a su término y finalmente.

5) Elecciones.- Participan en los procesos electorales para alcanzar el poder, que es el fin supremo de la organización partidaria para implementar sus planes de acción según los lineamientos ideológicos o conceptuales de su organización.

Entonces ¿qué es lo que está pasando?, ¿cómo entender esta decisión del Congreso? Sin dudar de la buena intención de algunos de los promotores de la futura Ley, lo que se observa en un “juego de poder” entre los partidos que tienen representación en el Congreso; esta norma tiene el claro sentido de limpiar la cancha; se quiere lograr por ley, lo que no se ha logrado con un mensaje ideológico claro y trabajo político permanente; se obliga a los líderes locales a inscribirse en uno de los partidos políticos nacionales vigentes, ¿bajo qué condiciones? Si revisamos los antecedente, ¿cuántos alcaldes distritales y provinciales en elecciones pasadas han cambiado de partido político de elección a elección? Y esto con la anuencia del partido político que lo adopta, a quién solo le interesa la votación que le pueda asegurar. Entonces realmente, ¿Quién compra las candidaturas?

El inciso 16°, del artículo 2° de la Constitución de 1993 señala que toda persona tiene derecho “A participar, en forma individual o asociada, en la vida política (…) de la Nación”; si esto es así, ¿cuál es el sustento legal o doctrinario por el que se restringe este derecho constitucional?, en ningún lado se señala que la capacidad de asociación este restringida sólo a los partidos nacionales; argumentar que las organizaciones políticas locales, son intermitentes, no tienen obligación de rendir cuentas y que no son pasibles de ser fiscalizadas, es otro argumento falaz; porque si bien, en los hechos, es cierta la afirmación, no lo es en cuanto al ejercicio del derecho, sino a la capacidad que tienen los organismos electores de ejercer dicha supervisión; no es eliminando estas organizaciones políticas que se soluciona el tema, sino potenciando la capacidad de los organismos electorales de ejercer la fiscalización.

Algunos podrán afirmar con razón que potenciar las entidades electores para que mejoren su fiscalización es muy caro; es cierto, pero lo contrario significará, que al igual que en el futbol se abra un mercado libre de pases, donde a usanza de este deporte donde se busca a los más rápidos, los más gambeteadores, los mejores cabeceadores; los partidos políticos busquen a los más populares o a quienes mejor puedan colaborar con financiar su campaña y en este escenario, sólo los partidos políticos de mayor poder económico o político saldrán beneficiados, ¿Para eso queremos la ley? Definitivamente NO.

Este Congreso tiene oportunidad de hacer bien las cosas, pero recortar derechos constitucionales como la libertad de asociarse para hacer política, así como aprobar normas que crean exoneraciones tributarias en un momento donde se reduce los ingresos por recaudación de impuestos, deja mucho que desear.

Así no juega Perú.

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