El crecimiento robado y la apuesta al 2050

Reflexiones para el futuro del Perú. Por Luis Herrera Romero, Analista político creador de la metodología de análisis estadístico MACPO.

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En el siglo XVIII, el filósofo francés Claude -Adrien Helvétius (1715 – 1771); más conocido como Helvecio, señalaba en su obra  De l’esprit (1758), (El espíritu); que “Así como el universo físico, está sometido a las leyes del universo, el universo moral, obedece a las leyes del interés”, de ahí señala, que al tratar de equilibrarse los intereses personales con el interés público, nos encontremos ante leyes defectuosas, porque “los vicios de un pueblo están siempre escondidos al fondo de su legislación”, y aquí se genera la corrupción política porque habitualmente se da preferencia al interés individual o de grupo en perjuicio del interés general.

Cuánta certeza encontramos trescientos años después en sus palabras, cuando de manera descarnada comprobamos, que el más puro y egoísta interés individual ha primado en la concepción de los normas públicas en las últimas décadas en el Perú; se ha escrito demasiado sobre el tema: legislación a la medida, adendas a contratos, toda una estructura legal armada y sostenida únicamente por el interés de algunos de enriquecerse, sea como constructores, funcionarios, lobistas o cualquier otra denominación; lo cierto es que la corrupción se expresó mediante la acción de gobierno representada en la legislación que aprobaron.

Por eso, no es raro, que hoy y mañana, todos estemos pendientes de la declaración de Jorge Barata en Brasil; muchos seguramente, estarán con un crucifijo en la mano y un pasaje de avión en la otra, esperando saber si han sido nombrados o no, por el ex jefe de Odebrechet en el Perú. Inclusive la propia estabilidad política del país está en juego, si es que el presidente Kuczynski fuera citado en alguno de los pasajes de la declaración, por más que técnicamente, según el ministerio público, no es esta la diligencia donde se interrogará en específico, sobre su presunta participación en actos ilícitos.

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En este contexto, es bueno reflexionar sobre algunos aspectos de la sociedad peruana que considero son esenciales para pensar en el futuro, que se puede comenzar a dibujar el día de hoy.

Primero. – No sigamos robando el crecimiento al país -

Estamos convencidos de que nos han robado en mucho de los grandes contratos suscritos por el país en los últimos diecisiete años; (A nivel de gobierno nacional, regional y local); sin embargo, continuamos pagando los sobre costos de varios de ellos; ¿nadie puede hacer nada? Pareciera que no, los intereses egoístas de algunos evitan que estos contratos puedan revertirse, suspenderse o renegociarse. Y pesar de todo, seguimos siendo una economía estable; ¿cuánto habríamos avanzado como país si nos hubieran gobernado personas que por lo menos hubieran priorizado el interés general y no el individual?

No olvidemos, que entre los años 2006 y 2016, las proyecciones indican que el costo de la corrupción asociada a la ejecución de las compras públicas en mercado nacional, habría ascendido a la suma de S/108 mil 980 millones de soles aproximadamente (S/108, 980’ 910, 001); lo que demuestra cuanto se nos ha robado en la posibilidad de crecimiento futuro.

Segundo. – Necesitamos partidos políticos

Uno de nuestros mayores males, es que no hemos logrado construir partidos políticos reales; en nuestro país, únicamente el arraigo popular del apellido Fujimori, explica la existencia del fujimorismo como agrupación, en cualquiera de sus dos vertientes, Keiko o Kenji; el enorme poder económico de los Acuña, Luna y otros ligados a la educación, explica la existencia de partidos como Alianza por el Progreso, hechos a la medida de la familia y punto; los comunistas y socialistas divididos como siempre, cada uno rey de su pequeño partido, y los partidos de derecha, encapsulados en pequeñas cortes, que subsisten por usos y costumbres y siempre dispuestos a alianzas electorales; finalmente el APRA rumbo a los cien años de su fundación, perdió luego de la derrota electoral del 2016, la posibilidad de renovar su dirigencia y discurso por el interés egoísta de sus líderes.

El país necesita partidos que realmente elaboren, planteen, discutan y defiendan una visión de país hacia el futuro; si realmente queremos conducir el país hacia el crecimiento tenemos que pensarlo en un horizonte hacia el año 2050; en una visión de largo plazo que nos permita plantear objetivos claros de crecimiento en educación, salud, medio ambiente, inversión, transporte, negocios internacionales, emprendimiento, etc.

Tercero. -  Rechacemos el cinismo político – 

La política, junto al cine, son las mejoras tribunas para los individuos con capacidad histriónica; capacidad de besar niños, bailar y hasta llorar; por ello se dice que el político es realmente un actor, raramente se conoce quién es en realidad, mantiene en secreto sus propios intereses. Muchos llegan a niveles de cinismo increíbles; como, por ejemplo, declarar que la decisión de votar o no por la vacancia o renunciar a un partido político, es por defender la “estabilidad democrática”; en la práctica dicha frase es la más prostituida de todas, la realidad es que todos los políticos actúan por propio interés, el problema está cuando ese interés individual afecta al interés colectivo, ahí se genera la corrupción.

El gran problema del cinismo, es que genera hartazgo y el mismo puede ser cantera para opciones políticas de discurso fácil e incendiario que conecte con el justo reclamo social; y en este escenario no sé a que tenerle más miedo, si al populismo de derecha o al de izquierda; de este último ya tenemos ejemplos en Cuba y Venezuela de lo que significa su accionar y del primero, el fujimorismo de los 90’s, autocrático, es la mejor demostración.

Cuarto. – Definamos hacia dónde vamos

Hace una década, todas las escuelas de formación pública señalaban la necesidad de pensar el país con miras al bicentenario de nuestra independencia. Hoy, esa fecha es lamentablemente un hito perdido para nuestro desarrollo; con poco más de tres años para llegar a dichas celebraciones, no podemos aspirar a que se logre implementar grandes políticas públicas; a pesar de nuestro potencial y de las innumerables carencias sociales; no hay un norte de acción definido y en eso, la incertidumbre política tiene mucho de culpa; si ni siquiera el Presidente de la República está seguro de llegar en su puesto al próximo 28 de julio, ¿qué posibilidad de acción podemos pedirle?; nuestro potencial económico nos permite seguir caminando pero en un piloto automático más activo que nunca.

Es urgente plantear, cuál es la visión de país hacia el 2050, tenemos que actuar como estadista y pensar en las obras que beneficiaran a nuestros hijos y nietos, proyecciones estiman que el Perú tendrá cerca de 40 millones de habitantes para ese año; solo pensando en lo que queremos llegar a ser como país, podremos definir nuestras acciones estratégicas y operativas, que los intereses individuales y egoístas de nuestros políticos no nos vuelvan a robar el crecimiento y la fe.

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