“Destape de la corrupción con sudor y lágrimas”: la hoja de ruta de Perú, en el Gobierno de Vizcarra

Por Carlos Villota Santacruz, internacionalista, comunicador social y periodista, experto en marketing político y marketing de ciudad.

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De la esperanza al miedo. Así se puede resumir la sensación que tienen hoy los peruanos para la cadena de hechos políticos y escándalo de corrupción que desembocó en la renuncia del presidente Pedro Pablo Kuczynski, que en su toma de juramento el pasado 28 de julio de 2016 se comprometió a llevar a cabo una “revolución social en el país”, que se quedó a mitad de camino y con más preguntas que respuestas; por parte de la opinión pública y la comunidad internacional.

El saliente mandatario tenía en frente revalidar la confianza de los ciudadanos alrededor de su proyecto político. La tarea no era menor. Si repasamos los retos y oportunidades de su Gobierno para elevar la calidad de vida, giraban en mejorar los servicios públicos, la formalización de la economía. La infraestructura y la lucha contra la corrupción y la discriminación, no solo no se cumplieron, sino que salió por la puerta de atrás. Fruto de errores de una administración que vendió en campaña, algo que no era. Carente de autoridad moral y liderazgo a la hora de orientar un país a orillas del Océano Pacifico.

Si algo necesita hoy, esta nación andina es recobrar la confianza de sus ciudadanos y de América Latina. La corrupción no solo parece un “cáncer en su sociedad”, sino que está presente en todos los sectores de una sociedad, donde los jóvenes reclaman oportunidades de empleo y las personas de la tercera edad, vivir con dignidad.

De entrada no parece fácil que el actual Jefe de Estado, Martin Vizcarra, pueda a mediano plazo corregir el norte. La razón es simple. La zozobra institucional llegó a su máximo grado que para “bajarle la temperatura” por medidas judiciales históricas, que le coloquen nombre propio a la corrupción que se ha disfrazado en todos los

matices y compromete a varios ex mandatarios; incluido PPK, cuya residencia fue allanada por parte de lasautoridades.

Desde el exterior, la lectura que existe es que el Perú se resiste a salir del tercer mundo y aprovechar su posición geográfica. También el recurso humano que posee. La política de odio y confrontación tiene hoy a los ciudadanos a la deriva. A la educación sin presupuesto. A los profesores, casi “muriéndose de hambre”. A la salud en “cuidados intensivos” Y la infraestructura con vías que son una vergüenza, si se comparan con sus vecino de Ecuador.

Llegar a la puerta del bicentenario en un momento de zozobra institucional no estaba en la cuenta de nadie. Menos de quienes votaron por Pedro Pablo Kuczynski. La transformación debe ser de fondo. Debe tener el acompañamiento de todos y cada uno de los peruanos, que están llamados hacer un acto de autoreflexión como aporta de manera individual y colectiva, para superar la crisis, que si no se detiene, podría desembocar en un malestar en las calles, con pronóstico reservado, impactando de paso, a hasta parte del mundo. A propósito de este comentario, ¿usted que piensa? E-mail: villotasantacruzcarlos@yahoo.com.co

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