Donald Trump, más cerca del impeachment

Trump cuenta ahora con por lo menos 5 personas que fueron en algún momento muy cercanas a el, confesando delitos que cometieron cuando trabajaron para su campaña. Fue además acusado directamente de formar parte de estos delitos y lo que sigue podría ser su destitución.

0
223

El martes, 21 de agosto de 2018, puede acabar siendo el principio del fin para la presidencia de Donald Trump, pero sería prematuro dar por segura ya una derrota republicana en noviembre y, no digamos, un proceso de destitución o impeachment si los demócratas se hacen con la mayoría en las dos cámaras del Congreso.

Para ello necesitarían arrebatar 23 escaños a los republicanos en la Cámara de Representantes y dos en el Senado.

En menos de una hora, uno de sus principales abogados y ‘fontanero para todo’ durante años, Michael Cohen, se declaró culpable de varios delitos de evasión fiscal, falsificación documental y donaciones ilegales ante un juez de Manhattan e implicó a Trump en al menos uno de ellos.

Paul Manafort, jefe de la campaña de Trump durante tres meses en 2016, fue declarado culpable por un jurado federal de Washington D.C. de ocho delitos de fraude fiscal y bancario.

Antes de trabajar para Trump, Manafort, uno de los 32 imputados hasta ahora por el fiscal especial Robert Mueller III, que investiga desde mayo de 2017 la posible injerencia de Rusia en las elecciones de 2016, hizo una fortuna ayudando a sátrapas como Ferdinand Marcos, Jonas Savimbi, Mobutu y Viktor Yanukovich.

La sentencia en el caso de Cohen está prevista para el 12 de diciembre. Por los delitos cometidos podía ser condenado a un máximo de 65 años, pero tras la confesión negociada de culpabilidad verá reducida su condena a entre 46 y 63 meses.

Si colabora con el fiscal Mueller, la condena puede recortarse todavía más y algunos no descartan perdones presidenciales para ambos. Si no se beneficia de reducciones, a Manafort le pueden caer hasta 80 años de prisión.

El presidente ignoró el martes el varapalo recibido, pero ayer descargó toda su ira en Twitter contra Cohen por implicarle en un delito y trató con cariño a Manafort. Con contadas excepciones, los republicanos guardan silencio y las encuestas, que le siguen dando un apoyo de alrededor de un 40 por ciento desde hace meses, apenas se han movido.

Con Cohen y Manafort, ya son cinco los estrechos ex colaboradores de Trump que se han declarado o han sido declarados culpables de graves delitos desde su victoria en noviembre de 2016, entre ellos su primer jefe de seguridad nacional, el vicepresidente de su campaña y uno de sus principales asesores electorales.

Cohen reconoció que, «en coordinación con un candidato a cargo federal (Trump)», él y el responsable de una empresa de comunicación (David Pecker de la multinacional AMI, propietaria del National Enquirer) compraron el silencio de dos personas (la ex modelo de Playboy Karen McDougal y la actriz porno Stephanie Clifford, más conocida como Stormy Daniels, por 150.000 y 130.000 dólares respectivamente) sobre sus encuentros sexuales con Trump para evitar que el escándalo saliera a la luz antes de las elecciones de 2016.

Por esos servicios, en 2017 Cohen recibió de la principal empresa constructora de Trump alrededor de medio millón de dólares. Trump negó durante meses saber nada de esos pagos, pero posteriormente sus asesores jurídicos, entre otros el ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, le han desmentido.

El abogado de Cohen afirma que su defendido tiene información que podría interesar al fiscal Mueller y que estaría dispuesto a facilitársela. En la cadena MSNBC precisó que esa información incluye «el delito de pirateo informático» y «si Trump supo o no por anticipado de ese delito y lo aplaudió».

«Es realmente el principio del fin de la presidencia de Trump, que parece haberse comportado como un criminal», señala el historiador de la presidencia Douglas Brinkley en el ‘Washington Post’. «Algunos republicanos podrían no votar en noviembre por el tufo que despide la Casa Blanca».

Los incondicionales de Trump, como su ex jefe de estrategia Stephen Bannon, ven en todos estos procesos, como ha escrito más de cien veces Trump en sus tuits, una «caza de brujas», y esperan que los republicanos lo vean como «una guerra» y cierren filas en defensa del partido. Hasta hoy lo están haciendo.

«No veo ningún cambio», decía el martes Larry Sabato, director del Center for Politics de la Universidad de Virginia. «A los seguidores de Trump y al partido republicano parece no importarles nada».

Suscríbete a nuestro boletín

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here