El dilema político

Cambiar para gobernar. Por Luis Herrera Romero.

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¿Qué significa tomar una posición en política? Es la frase con la que Adrián Cangi y Ariel Pennisi inician su libro sobre dilemas políticos (2012) donde analizan las relaciones y conflictos que se generan al interior de los procedimientos de governance, que determinan la formación de cúmulos individuales de poder que en su lucha constante boquean el desarrollo del sistema democrático; remplazándolo por un sistema corrupto, basado en mantener los viejos cuerpos institucionales y en la formación de lobbies para obtener mayores espacios de poder.

En este sentido, la conformación de un nuevo gabinete plantea sin lugar a dudas un dilema político para el Presidente Kuczynski; el continuar gobernando con su equipo íntimo, aquel que lo acompañó en la dura campaña electoral o cambiar de rumbo nombrando un gabinete con nuevos políticos y profesionales que orienten a su gobierno al logro de sus promesas electorales y devuelva la confianza a la ciudadanía sobre su capacidad de gestión.

Esta decisión implica escoger por un determinado grupo de personas, como indicaba Carlos Matus en su obra “el líder sin estado mayor”, el líder político está rodeado de tres tipos de personas; sus amigos, aquel grupo intimo que lo acompaña desde el inicio de sus actividades; los técnicos, que lo asesoran en los aspectos específicos de cada una de las áreas sobre las que debe decidir y los arribistas, aquellos que se integran al entorno, alrededor del triunfo y entre ellos este líder debe decidir en quien confiar y a quien escuchar.

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Justamente, la capacidad de tomar estas decisiones es lo que determina, según Matus el perfil de este líder; el cabecilla, aquel que gobierna con sus amigos, donde cada uno lucha para obtener su propio espacio y donde las estructuras de gobierno sirven para los beneficios propios de aquellos; el líder, aquel que gobierna con su grupo de confianza y equipos técnicos eficientes que le ayudan a lograr sus objetivos de gobierno y el estadista; aquel que logra implementar sus políticas para resultados que sobrepasarán su propio periodo, y este es parte del dilema a resolver por el Presidente Kuczynski, actuar como un líder político que construye equipos de gobierno para la implementación de sus políticas.

El problema de continuar soportando la gestión de gobierno en el grupo de confianza es que este grupo carga el pasivo de la una de las campañas electorales más polarizadas de las últimas décadas, que se planteó como una lucha entre el bien y el mal, aquellos que expresaron frases como “¿Por quién crees que votarán los delincuentes y los corruptos? O “hijo de ratero es ratero también, de tal palo tal astilla”, difícilmente podrán conducir un gabinete dialogante o que logre tender puentes con aquellos que hasta hoy se sienten perjudicados por aquella campaña; es una resaca que todavía no termina, por eso el nuevo Jefe de Gabinete no debe ser alguien que sea parte de estos pasivos.

El cambio de gabinete se presenta como una oportunidad para el Presidente Kuczynski para superar su dilema político, apoyarse de forma equilibrada en políticos y profesionales que hagan viable su gobierno, considerando que estando en el segundo año de su gestión, no le queda mucho tiempo para implementar sus grandes ofertas electorales, como el caso de agua y saneamiento, reactivar la economía, lucha contra la delincuencia y otras más.

En ese sentido, consideramos que el Presidente debería orientar su decisión a las siguientes acciones:

  1. Nombrar un Presidente del Consejo de Ministros neutro, que no haya participado en la campaña electoral que pueda establecer relaciones positivas con la oposición.
  2. Cambiar todo el gabinete.
  3. Fortalecer su bancada congresal.
  4. Acelerar el proceso de reconstrucción.
  5. Deslindar plenamente el caso Lava Jato.

De esta forma, su gobierno tomará nuevos bríos; de lo contrario, de persistir con los grupos actuales de poder y continuar repitiendo los mismos errores del pasado, se enrumbará hacia un precipicio que lamentablemente nos arrastrará a todos y que solo beneficiará a los que desean conducir nuestro país hacia posiciones populistas anquilosadas que solo crean más pobreza. ¡Qué Dios ilumine su decisión!

 

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