EL GOLPE BLANDO Y LA ESTAFA A LA VOLUNTAD POPULAR

Se ha quebrado la institucionalidad democrática, no para beneficio de los peruanos sino por un juego de poder, donde el gran riesgo es desandar el desarrollo económico nacional.

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En relación a las transformaciones políticas de los últimos años, Atilio Boron[1] señalaba que “una de las infelices novedades de la época actual ha sido la emergencia de un nuevo tipo de golpe de Estado, claramente diferenciado de los que sufrieran durante gran parte del siglo veinte los países de América Latina y el Caribe, (donde) las roídas bayonetas de los militares fueron sustituidas por el mortífero “ménage à trois” del terrorismo mediático, el expediente judicial y el informe parlamentario (..) No tiene el estrépito del golpe militar pues se disfraza con ropajes legales e irreprochablemente republicanos (..) Pero el “golpe blando” es una gigantesca estafa a la voluntad popular, al juego democrático”.

Esta definición la suscribimos totalmente y afirmamos que se ha producido un golpe de Estado “blando” en el Perú, como último acto de un conflicto entre dos tribus políticas claramente identificadas; el fujimorismo y los grupos políticos aliados a ellos y el antifujimorismo que engloba a la izquierda marxista y demás grupos aliados; los primeros atrincherados en el Poder Legislativo y los segundos en alianza tácita y abierta con el Poder Ejecutivo; cuyas consecuencias serán nefastas para el país, si no somos capaces de identificar el verdadero “interés” de quienes hoy celebran el quiebre institucional.

Como señaló Helvecio en el siglo XVIII, “igual que el mundo físico es gobernado por las leyes del movimiento, así el universo moral es gobernado por las leyes del interés”[2]; en esta línea de ideas, podemos afirmar que el universo político, se gobierna por un “interés único” – la búsqueda del poder -; es ese y no otro, el verdadero motivo del conflicto tribal que ha paralizado al país por más de tres años; y es ese el verdadero motivo del golpe blando que se ha dado el día de ayer.

Por eso, afirmamos que este golpe a la institucionalidad democrática no encierra ningún interés real por mejorar la gestión pública o la vida de los peruanos, sino únicamente el interés político de Martín Vizcarra de lograr una sostenibilidad que los resultados de gestión no le otorgan y convertirse en una opción política futura; apoyado en el interés de candidatos presidenciales como Verónica Mendoza y Julio Guzmán de correr solos la cancha electoral, pero sustancialmente, sostenido por el interés de los partidos de izquierda de tomar el control del legislativo, en una futura elección, para promover desde ahí, el cambio de la Constitución Política de 1993.

Para ello, el terrorismo mediático al que se refiere Brown ha sido efectivo,  al más puro estilo de Goebbels, ha dotado al golpe blando de cierta legitimidad, endosando y aligerando responsabilidades en los casos de corrupción y ensalzando la judicialización de la política como un mecanismo de asignación de responsabilidades según la tribu política a la que perteneciera el presunto corrupto.

Aquí radica la gran estafa a la voluntad popular y juego democrático; porque aprovechando la indignación general de la ciudadanía por la corrupción generalizada, la falta de resultados en la gestión y otros males, se ha vendido el golpe blando como la panacea a los problemas y esto no es así; por el contrario, nos coloca en el inmenso riesgo de transformarnos sin querer en la nueva Venezuela en Sudamérica.

Esto que parece un cuento de terror, es una realidad más que posible, la intención de cambiar la Constitución de 1993, encierra dos ideas claras para la izquierda y sus aliados; primero, el cambio del modelo económico, de un modelo de mercado a un modelo económico plebiscitario, donde el Estado ya no confisca pero socializa la toma de decisiones económicas a niveles cooperativistas y segundo, donde se reemplaza la democracia representativa (esencia de los Congresos actuales), a modelos de democracia plebiscitaria, que distribuye la toma de decisiones a colectivos y otras agrupaciones, haciendo inviable cualquier desarrollo económico.

Estas propuestas son la grandes ideas de cambio de la izquierda peruana que el golpe blando trae apresuradamente a la palestra electoral y que no podrán ser negadas por sus aliados de hoy,  las cuales amenazan con regresarnos a la pobreza de los años 70 y 80 y lo que es peor, hipotecar el futuro de nuestros hijos y nietos.

Por eso hoy, los sectores políticamente menos visibles en el país, aquellos que promueven la familia, el emprendimiento, la empresa y el mercado deben organizarse para dar batalla política y convertirse en la última línea de defensa del desarrollo económico del país. Las horas cuentan.

 

Luis Herrera Romero

Especialista en comunicación política y gestión pública

 

 

[1] Brown, Atilio. Golpes de Estado de nuevo tipo e involución democrática https://www.alainet.org/es/articulo/181309

[2] Albert O. Hirschman. Las Pasiones y los Intereses, Argumentos Políticos a favor del capitalismo previos a su triunfo. Traducción Joan Solé. Ediciones Península. Barcelona, España. Pág 65.

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