Elogio a los buenos modales

Inexistentes en la política peruana.

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Recuerdo que siendo un niño, mis padres me enseñaron la importancia de los buenos modales para crear relaciones de respeto y cordialidad con las personas; decir gracias y pedir por favor, tratar de usted a las personas que no se conocen, ceder el paso y saludar cortésmente eran condiciones mínimas de trato social; sin que aquello menoscabara nuestra propia capacidad de decisión y acción. ¡Lo cortés no quita lo valiente! Es un viejo aforismo que describe esta condición de trato social. Claramente estas condiciones se van desarrollando y expandiendo en el tiempo a los diversos campos de las relaciones sociales, el amor, el matrimonio, los negocios, la amistad y claro está la política.

Sin embargo, nada es absoluto, también encontramos a aquellas personas que consideran que por haber alcanzado alguna posición de poder por mínima que sea, de forma merecida o no, que la única forma de mostrarlo es comportarse de manera altisonante, desafiante y abusiva. No valen por sus ideas sino por el ejercicio abusivo del poder. Las páginas de la historia de la humanidad está llena de casos de guerras, golpes de Estado y otras desgracias sociales que sucedieron porque sus gobernantes fueron incapaces de tener un mínimo de trato social que les permitiera reunirse y sentarse a negociar.

Y esto es lo que está pasando en la política nacional, el insulto se ha vuelto tan cotidiano que nadie es capaz, porque seguramente lo consideraran una señal de debilidad, de utilizar buenos modales para construir una relación de confianza y lograr a partir de ahí, tratar de manera coherente y razonada la solución, siquiera de alguno de los problemas nacionales.

Y debemos ser honestos en decir que el insulto se fortaleció de manera consciente durante las últimas elecciones presidenciales, los estrategas comunicacionales pensaron en ganar la elección y no en la gobernabilidad futura del país; por tanto, elevaron el tono del mensaje, transformando lo que debió ser una campaña de contraste en una campaña de insulto.

Esto explica porque hoy nos encontramos sumidos en un escenario político conflictivo, si al resentimiento pre existente de la campaña le agregamos diez meses de un gobierno que no muestra norte de gestión, débil políticamente, tardío en sus reacciones y terco para sostener malas decisiones; entenderemos porque la acción de una oposición ambivalente entre el apoyo consciente y la fiscalización abusiva porque en el fondo es incapaz de olvidar los insultos y la derrota, puede trasformar este escenario en caótico.

Para evitar esto, nuestra clase política debe pensar en adoptar buenos modales en su trato político. ¡Lo cortés no quita lo valiente!

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