Los emoticonos son códigos creados por los usuarios de la Red para mostrar estados emocionales, representar sentimientos y realizar llamadas a la acción. Combinaciones de números, letras, signos y símbolos que refuerzan y complementan la información facilitada por las palabras, enriqueciendo la comunicación.

Representaciones visuales que simbolizan expresiones faciales, interpretadas por el cerebro como comunicación no verbal. Imágenes generadoras de emociones que constituyen un lenguaje universal que traspasa barreras idiomáticas caracterizadas por ser simples, intuitivas, perceptibles, flexibles y universales.

Los emoticonos transmiten información, maximizan la eficacia de la conversación, definen el sentido de la comunicación, aportan el tono ausente en la comunicación escrita y presentan los mensajes de forma cercana y cálida.

Esta sensación de cercanía y calidez que generan ha provocado su inclusión en la comunicación política. A la proximidad de los sujetos políticos con el electorado al que se dirige se suma el incremento del número de “me gusta”, el estímulo de la interacción -aumentando el número de comentarios logrados- y la discusión de temas. La informalidad que acompaña al emoticono se asocia a una mayor conexión con los simpatizantes. Una conexión que debe estar acompañada de palabras y acciones.

Los emoticonos ayudan a analizar, de forma genérica, la reacción ante un acontecimiento político determinado, ¿prevalecen los emoticonos positivos o los negativos? Pasión, enojo, tristeza, felicidad y carcajada son los iconos más utilizados.

Se usan en campañas, de reivindicación o concienciación, para llamar la atención sobre asuntos concretos, incluyendo imágenes relativas a los temas abordados: equidad de género, racismo, inclusión, etcétera. Insertados en mensajes negativos restan intensidad a la emoción que generan. Incluir emoticonos positivos genera simpatía, afianza la credibilidad e incrementa el poder social.

Los emojis deben tener un sentido y un propósito claros. El electorado al que se dirige el sujeto político –edad, sexo, género, tradiciones culturales, localización geográfica, etcétera-, el canal a través del cual se comunica y el tema que se trate determinarán la inclusión, frecuencia, o ausencia de los mismos en los mensajes que se trasladan a la audiencia.

A la hora de incluir emoticonos en los textos conviene recordar que el modelo de smartphone y el sistema operativo que incluya el terminal modifica la representación que adoptan las caritas coloreadas, lo que obliga a recurrir a códigos que no admitan malinterpretaciones.

Los chats y las aplicaciones de mensajería instantánea son el territorio donde los códigos visuales tienen mayor cabida y mejor aceptación aunque su uso se extiende a correos electrónicos y redes sociales, internas y externas. Las narraciones visuales atraen la atención, aportan atractivo y creatividad y favorecen la viralidad de los mensajes. La comunicación digital fluye naturalmente con los emoticonos, la sátira ocular suplanta al argumento textual.

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