Esta obra no es mía, yo no la pedí

Gobierno que no comunica, no consigue la aprobación y el respaldo de la gente. Por Andrés Lizarralde Henao, comunicador social.

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En la actualidad resulta muy común escuchar a cientos de ciudadanos desaprobando proyectos de gobierno en los que se invirtieron grandes cantidades de recursos, todo porque para la proyección y ejecución del mismo, ni siquiera se llevó a cabo un estudio en el que estuviese la socialización con la comunidad como punto de partida.

Puede sonar obvio, pero la comunicación de gobierno cambió de manera tajante debido al nuevo reto que implica la exigencia de una ciudadanía que hoy quiere que se le informe de manera oportuna para participar de las decisiones, a fin de llegar a un consenso que permita la aprobación de lo que se hace.

Ya el cuento de “esta es la obra que yo quiero y se hace porque se hace” de muchos gobernantes obstinados quedó atrás. Hoy la aprobación de los gobiernos depende de qué tanto se involucra, interactúa y empodera al ciudadano en los proyectos y planes a realizar.

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Entonces, para que una obra de gobierno reciba el visto bueno y sea acogida por la gente es necesario que exista una previa socialización, toda vez que cuando se escucha al ciudadano resulta mucho más fácil conocer lo que realmente quieren y, de esta forma, responder a sus expectativas. Eso es comunicación.

Debo aclarar, que cuando hablo de socializar o poner en común no se trata de llevar a cabo dicho proceso cuando ya estén firmados los contratos para realizar obras o cualquier tipo de proyectos, simplemente para cumplir con un requisito de informar a la comunidad sobre lo que se va a hacer.

El ideal sería que antes de llevar a cabo los estudios previos y fijar presupuestos para iniciar los procesos de licitación o selecciones abreviadas de menor cuantía, la comunidad debería conocer con exactitud la iniciativa a desarrollar, para que de manera mancomunada, gobierno y ciudadanía generen un espacio de debate y consenso donde se pueda analizar la pertinencia, beneficios, posibles problemas e impacto, entre otros aspectos, y al final del ejercicio haya una aceptación del proyecto por parte de la gente.

Con este tipo de acciones los gobiernos tendrían una excelente percepción, se estaría cumpliendo con un verdadero proceso de socialización, y se evitaría que a futuro la gente salga en el inicio de los trabajos a protestar y oponerse a las obras generando espacios de tensión porque no están de acuerdo con la misma.

Algo puntual y que sirve de ejemplo sucedió en Cali – Colombia, donde los habitantes del sur de esa ciudad el pasado mes de agosto de 2017 salieron a mostrar su inconformismo y desaprobar la construcción del terminal sur del Masivo Integran de Occidente MIO, porque según ellos, el desarrollo del proyecto produciría un daño ambiental que se ocasionaría al acabar con 60 mil metros de zona arbórea que hay en el sector, sumado al impacto en la movilidad por el transito permanente de busetas y buses articulados en zona residencial.

Comunicar es poner en común, y para ello, se requiere asertividad. La comunicación no se hace únicamente para informar o caer en el engaño. Para comunicar hay que tener sentido común, receptividad, constancia, tiempo y capacidad de discernimiento. La comunicación debe ser una conversación permanente, donde se debe hablar, pero lo más importante es escuchar; toda vez que quien no lo hace, difícilmente puede retroalimentarse y transmitir.

Atrás quedaron esos mandatos donde lo único que importaba era lo que hacía el gobernante, donde éste ordenada a su antojo y la gente solo estaba para escuchar y obedecer. En este orden de ideas, la información y participación son derechos que hoy exigen los  ciudadanos porque quieren evidenciar transparencia para dar su aprobación. Eso es comunicación para construir sociedad. Por ello gobernar y comunicar deben ir de la mano.

No más decisiones a escondidas. Como gobernante, olvídese del erróneo “yo soy el que mando y por eso las cosas se hacen como yo diga”, porque así no llegará a ningún lado y sus decisiones cada vez más serán rechazadas por la gente. La comunidad lo eligió para que como líder administre sus recursos, pero también permita la participación en las decisiones de gobierno.

La aprobación de la gente no se logra imponiendo, tampoco escondiendo para hacer fechorías y que los demás no se enteren. Tampoco es informando solo cuando necesita mostrar, publicitar sus obras o legitimar su mandato. La aprobación se logra con comunicación, escuchando y poniendo en común para alcanzar consensos.

Tenga en cuenta que la comunicación no se hizo para aparentar, sino para que sea una aliada de su gobierno. Un buen gobernante debe conocer las demandas de la gente, saber qué piensan y cómo está el entorno para que pueda proyectar una buena obra, pero para ello se requiere sentido común, contacto directo y comunicación permanente.

Por lo anterior, vale la pena traer a colación una frase del maestro argentino Carlos Fara: “Una gestión necesita buena comunicación, pero la buena comunicación no reemplaza una mala gestión”. Entonces, si quiere tener respaldo y aprobación, deje la terquedad, socialice y comunique. Mantenga el mismo afán de interacción que mostraba en campaña.

En síntesis, que sus decisiones o acciones no sean impuestas o solamente informadas, sino concertadas y socializadas. No se endiose porque el poder es efímero y el respaldo de la gente mucho más. De allí, que si no quiere escuchar a los ciudadanos decir: “esta obra no es mía, yo no la pedí”, será mejor que comunique bien, escuchando, atendiendo y convenciendo sin presiones, para que no solo pueda alcanzar, sino sostener el tan anhelado respaldo popular.

Recuerde que Gobierno que no comunica, no consigue la aprobación y el respaldo de la gente.

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