La estrategia de campaña permite dirigir actividades destinadas a conseguir objetivos específicos en un proceso regulable. Es un conjunto de reglas que aseguran una decisión óptima en cada momento.

A menudo, se confunde o asimila con la táctica. Sin embargo y aunque están íntimamente relacionadas, no son lo mismo.

La estrategia sin táctica es simple y llanamente un deseo de victoria, un simple y llano deseo de victoria. No vas a ganar.

Por su parte, si te centras en la táctica sin estrategia, en lo operativo, en el cómo vas a llevar a cabo tu campaña electoral, lo único que estás demostrando es que “mucho ruido y pocas nueces”. Es la antesala de la derrota más escandalosa que vas a tener. En términos electorales, no hay la una sin la otra.

Pero no nos adelantemos, empecemos hablando de Estrategia: el ‘qué se hace’.

Para diseñar una buena estrategia, hemos de sustentarnos en el conocimiento. Este le proporciona una sólida base sobre la que construir toda la campaña. Todos los componentes de una campaña se definen mediante la investigación. Esta no permite adivinar nada, pero sí planifica, prevé y permite estar un paso por delante del contrario.

Podríamos citar numerosas referencias de teóricos y prácticos que han hablado de estrategia. En mi experiencia, la estrategia es fundamental para poder proyectar tu identidad y una vez que sabes con claridad cuál es tu genotipo, tu ADN, tu identidad es entonces cuando podrás hablar de tu imagen y proyectarla.

” La estrategia, además, ha de permitir posicionar nuestro mensaje en el público objetivo y lograr su movilización”

Y ¿qué es? ¿cómo se materializa? La estrategia debe ponerse por escrito y es un documento vivo, un documento modificable según el rumbo de una campaña electoral, y como rasgo fundamental ha de ser alcanzable y medible.

En ella, se muestran los objetivos de la campaña, que no siempre se resumen en ganar. Nos encontraremos campañas en las que lo fundamental es posicionarse, o ganar cierto porcentaje de votos, o convertirse en minoría que influya en toma de decisiones. Para marcarlos, otra vez cobra relevancia la investigación ya que esta definirá mis posibilidades y, por ende, mis objetivos.

La estrategia, como hemos visto, es lo más importante de la campaña y el resto de piezas han de trabajar para ella.

Por eso, lo segundo más importante y que nos asegura el éxito o el fracaso de una campaña es la fidelidad en el trabajo diario de todo el equipo hacia ese documento estratégico. He visto estrategias maravillosas que se han hundido porque el equipo no ha trabajado en línea con ellas. No pensemos que, una vez diseñada, tenemos todo. Ahí empieza el trabajo de concienciar, liderar, revisar, etc. para que todas las tácticas, todas las acciones respondan a ella.

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