Ganar el debate; ganar los votos

Por Fernando Ávila García, experto en temas de comunicación personal e institucional.

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En el marco de las campañas políticas, cada día cobra mayor relevancia la participación en debates públicos e, incluso, en algunas legislaciones aparece ya, como requisito para los candidatos, la obligatoriedad de participación en los mismos. Cada día, igualmente, son motivo de mayor interés para la ciudadanía el observar y dar seguimiento a este tipo de eventos, que llagan a ser comparados -en cuanto a audiencias- con espectáculos deportivos destacados en la localidad.

Sin embargo, más allá del momento, de la expectativa o del propio “show” que los mismos llegan a representar, ¿sirve ganar un debate para generar votos?

Sabemos que, desde el primer debate televisado en 1960, las contiendas electorales ya no fueron iguales. Mucho se ha discutido respecto a lo determinante que fue la imagen de Kennedy frente a la de Nixon, durante su presentación, para obtener finalmente el triunfo. Desde aquel entonces, los debates fueron tomando distintas veredas, ajustándose en cada país a lo que -en apariencia- el público quería ver y escuchar. Hoy nos encontramos en una disyuntiva interesante, frente al arribo y cada día mayor influencia de las plataformas digitales y redes sociales, donde pareciera que el impacto del político ante la ciudadanía se da en esos medios alternativos y, quizá, se diluye un tanto lo que se expresa o manifiesta desde los medios tradicionales.

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Hoy, un debate político tiene una resonancia mayúscula en tanto se va “comentando” en vivo y directo, a través de estas tecnologías y cada sector o segmento partidario se manifiesta regularmente como el vencedor de esta confrontación verbal, descalificando prácticamente a los adversarios y a cualquier expresión contraria.

Es claro, que dentro del denominado “voto duro” difícilmente habrá alguna variación o desencanto posterior al debate. Los militantes o simpatizantes convencidos no verán los errores cometidos por su candidato y desacreditarán cualquier señalamiento comprometedor que se hiciera durante el mismo. En este segmento, definitivamente, no influirá el evento.

Luego entonces, ¿de qué manera sirven aún los debates y cómo estos pueden ayudar a capturar al votante indeciso o aquel que aún no se ha definido por alguna opción?

La preparación del debate en estos días debe de considerar, además de los aspectos “de siempre” -Mensaje, propuestas específicas, imagen, lenguaje corporal, manejo de la voz, capacidad de reacción, etc- una integración formal y completa con lo que sucede en el microcosmos que representan las redes sociales. Muy probablemente de ahí no se obtengan demasiados votos nuevos -hoy todavía, en los países de habla hispana, no tiene tanto impacto directo a partir del número de usuarios- pero en los hechos el impacto es mayúsculo, pues el ganar el postdebate en redes implica que así lo transmitan y lo comuniquen los medios tradicionales. Y esto, sí genera una percepción favorable, al reforzar la impresión que pueda haber obtenido el votante indeciso y con ello, es posible generar nuevos votos.

¿Cómo lograr entonces empatar el desempeño durante el debate con el manejo tanto de las redes sociales como de los medios tradicionales, en los minutos y horas siguientes al enfrentamiento verbal?

Me parece que el secreto está en la vinculación que puede llegar a hacerse entre los temas tratados durante la confrontación, la preparación previa de los equipos de apoyo al candidato, mismos que deberán de tener la mayor claridad en la estrategia y narrativa discursiva que seguirá su representante, así como una sólida interacción del propio participante y sus redes de apoyo, inmediatamente después de concluido el encuentro.

El resaltar los puntos más significativos, así como las debilidades mostradas por los adversarios y “ganar” las menciones o sondeos virtuales, puede llegar a representar esa percepción a la que nos referíamos inicialmente y, entonces sí, convertir al debate en un captador o generador de votos.

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Fernando Ávila
Fernando Ávila (México), es un experto en temas de comunicación personal e institucional. Con más de 30 años de experiencia en técnicas de expresión oral y escrita, es fundador y director general de Grupo Triunfadores, consultoría enfocada en el desarrollo profesional que, desde 2007 apoya a ejecutivos y directivos de diferentes instituciones y grupos empresariales a perfeccionar sus habilidades de expresión. Ha participado en múltiples programas de radio y televisión -actualmente con un espacio semanal en Grupo Fórmula- e igualmente ha desempeñado diversas actividades políticas a nivel municipal, estatal y nacional, como responsable de las áreas de capacitación electoral, formación de cuadros, análisis estratégico y comunicación. Es Embajador de la Cámara Internacional de Conferencistas y Panelista Experto del Speaker Summit de la Asociación de Conferencistas Hispanos. Así mismo, conferencista de la Cumbre Mundial de Comunicación Política.

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