Juego de Errores

En Lima, vives o mueres.

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Gráfica: Diego Iglesias

El incendio del centro ferretero Nicolini en las Malvinas, ha mostrado de manera brutal la falta de autoridad, control e inexistencia de sentido de responsabilidad de la mayoría de autoridades relacionadas al cumplimiento de las normas en la ciudad de Lima y que trae consigo muertes de manera recurrente.

Es estremecedor corroborar que quince años después del incendio ocurrido en Mesa Redonda cuyo saldo fueron 350 muertes, nada haya cambiado respecto a la capacidad de aplicar y hacer cumplir la ley; los incendios ocurridos en Cantagallo, Larcomar, el almacén del Ministerio de Salud y los amacenes del MINEDU, el del asentamiento humano 200 Millas y el de la discoteca Utopía, son ejemplos de la incapacidad e indiferencia de las autoridades -a todo nivel- para hacer cumplir las normas a lo largo de estos años.

Pero el drama no se limita a este campo, en el transporte público, construcción civil, seguridad ciudadana y otras áreas, la incapacidad para ejercer autoridad es notoria; ¿Para qué tenemos municipios si no logran cerrar una galería que viola las normas mínimas de seguridad?, ¿Para que existen municipios o Defensa Civil cuando a vista y paciencia de todos se instalan contenedores en los edificios para ganar espacio? ¿Para qué existe SUNAFIL si comprobamos de la manera más grotesca la existencia de esclavitud laboral en Lima?, ¿Qué explica que a un joven lo asesinen por un celular o le disparen en un robo al paso o en un restaurante? En todos los campos, la inacción e incapacidad generan muertes; Lima se desangra, el Perú se desangra y las autoridades se culpan entre ellos en el más puro ejercicio de la política tradicional.

¿Qué hacer? no es un tema de normas, nuestro país está lleno de ellas y muchas no se cumplen, es un tema de liderazgo, políticas públicas y planes de acción claros; entre tanta incompetencia, tenemos casos de éxito, el tratamiento de los desastres naturales en diversas regiones del país a cargo del COEN, fue un buen ejemplo de trabajo articulado, comunicación efectiva y acción específica que se replicó positivamente en el incendio de las Malvinas, donde el cuerpo de Bomberos, la Marina y el Ejército realizaron un trabajo articulado para atender el siniestro; sin embargo, estos casos responden más a la acción de funcionarios comprometidos y efectivos que al liderazgo político o a  una política de gobierno; ese es el mayor drama del país.

Por eso, la única forma de evitar que nos sigamos desangrando es que construyamos liderazgos comprometidos y eficaces; para eso los actores políticos deben entender la necesidad de profesionalizar la actividad política; la construcción de la campaña y del mensaje político ya no puede orientarse a la venta de un producto (el candidato) sino a la construcción de una propuesta de valor que transforme el mensaje de campaña en acción de gobierno; por otro lado, los ciudadanos tienen que interesarse en la cosa pública para elegir con criterio y no por el mal menor o por aquel que invirtió o regaló más en la campaña, el riesgo es que nos gobiernen cabecillas en lugar de líderes, charlatanes en lugar de gestores, lo que nos llevaría a seguir diciendo que en Lima (y en el Perú) “se vive o se muere”.

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