Juventud y política: errores de la nueva generación de políticos

Se debe entender que en la nueva política no hay espacio para la dinámica de la vieja, las estrategias hora son diferentes e influenciadas por nuevas tendencias y tecnologías.

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“El mayor reto de nuestra generación es pasar de las ideas a la acción; de la intención al trabajo”, a esta conclusión llegué luego de una jornada de formación con jóvenes, que al igual que muchos tienen intenciones e ideas interesanres para mejorar lo que actualmente no marcha bien en el mundo, pero hay cierta pereza, ligereza para ponerlas en practica. Esta experiencia me hizo reflexionar sobre la actitud de quienes hoy quieren entrar al juego de toma de decisiones.

Nuestra generación está en contra de la vieja política, pero muchos no encuentran o entienden cómo hacer nueva política con éxito. Es más fácil y seguro encajar en la dinámica establecida que acerca al poder, a desafiarla y diferenciarse. Le sucede a los creadores de la política que hoy consideramos añeja y lo podemos ver en mis contemporáneos, atrapados en el dilema de ir en búsqueda de aprobación de los robles o ganar la simpatía y aceptación de la población en general, hoy muy distanciada de esas estructuras rígidas y sordas que ostentan el poder político.

El desconocer el fondo de un ejercicio tan complejo permite fascinarse por las luces, sin advertir que lo esencial de éste, es todo aquello que no se ve, lo que se trabaja desde la calma y con el tiempo, que no admite premura ni es sostenible para un espíritu simplista.

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Dicen que en política no hay formula infalible, yo difiero, pues la formula inequívoca es trabajar, sembrar como vía de proyección, no lo contrario. Priorizar la imagen sin el fondo al final es incoherente y termina siendo evidente.

Hoy día aplaudimos y admiramos el manejo de algunos jóvenes políticos importantes como Justin Trudeau, Macron y otros, pero me preocupa que de éstos solo tomen la parte estética de su trabajo, ignorando la trayectoria antes del éxito, lo que les permitiría entender las razones del mismo.

Así como hay buenos referentes, también podemos identificar ciertos errores que le impiden tener éxito a los nuevos políticos de esta generación:

1-No tener claro para qué están en política

La política hoy es sinónimo para muchos de ascenso social, acceso al poder y si bien esto es cierto, no es menos cierto que sigue siendo la profesión de unificar criterios en pos del bienestar de la mayoría.

Hoy muchos jóvenes seducidos por el lado “celebrity” de la política, están en ella porque es la forma para ser exitosos que han visto en su entorno, les permite emplear sus habilidades comunicativas y de “liderazgo”, pero no tienen definido un objetivo más allá de lo plástico y superfluo. Un político sin un objetivo noble, sin una causa es como un ser sin alma, camina, va y vuelve pero no siente, ni lo siente.

Emprender un viaje sin un propósito, es el principio de una cadena de fallas que conducen al fracaso.

2-Criterio superficial de la marca personal

La facilidad de visibilidad hoy día ha desatado una frenética búsqueda de posicionamiento y ha establecido gestión del personal branding como exigencia para destacarse en el entorno digital.

El detalle es que hay mucha confusión, el concepto de marca personal que algunos han querido extrapolar de forma exacta del branding corporativo, no se trata de crearse una identidad visual o realizarse una sesión de fotos y estar en todas las redes compartiéndolas con frases rebuscadas.

La marca personal es nuestro rastro digital, nuestra huella en Internet y gestionarla amerita compromiso para un proceso de auto exploración y reconocimiento sincero que permita construir un relato. Requiere un trabajo de transparencia y coherencia entre la vida On y Off line, y también de responsabilidad pues todo lo compartido en algún momento le dará a alguien indicios de quien eres.

3-Falta de autenticidad

La política hoy más que nunca es personal, ya no se trata de las siglas de un partido y su color, sino del estilo del líder y sus valores. La juventud es una etapa compleja, pues estamos en un proceso de pulido, en la fase de prueba y error, lo que le complica a muchos definir su estilo, encontrar su voz. Ser autentico para un joven político significa mostrarse tal cual, sin ocultar que le gusta andar en jeans y zapatos deportivos por encajar en la formalidad del sistema. Es compartir sin complejos sus preferencias, esas que le permitirán a la gente constactar que se trata de un humano y que es diferente. No intentar ser una mala copia del político que admiran. Nos han hecho creer que ser diferentes está mal, que hay que pasar desapercibidos. Encajar, y nada más errado que esto, pues la disrupción no tiene espacio en una mente cuadrada.

4-No asumir posiciones y/o responsabilidades

Quien no se conoce, tampoco conoce su causa y por tal razón nunca asumirá una postura frente a temas importantes. Resulta más cómodo dejarse llevar de la corriente y de lo que todos hablan, pero para defender, rechazar y generar conversaciones sobre situaciones que afecta a un colectivo requiere de responsabilidad, valentía y convicciones que solo tiene claro quien sabe para qué está en política.

5- Mal uso de herramientas digitales de comunicación

Algo impresionante es ver como la generación que creció con la tecnología menosprecia el potencial de las redes sociales, reduciéndolas a simples aparadores personales, un puesto más para exhibirse sin nada políticamente novedoso. Ignoran el valor del proceso de interacción, captar simpatías y la posibilidad de tener una estrategia digital real que les permita pasar de un “like” a una conversación y de ahí a un aliado más que seguidor. La meta es conseguir determinada cantidad de “Me gusta”, una tarea de narcisismo político.

6-No delimitar su territorio

La política es de las persona y con las personas. Siempre lo será. Internet y la tecnología nos organizan, facilitan y optimizan el trabajo político territorial. Pero no lo sustituyen, son un complemento no el elemento central. Hacer política de “like” sin un plan territorial claro que permita conocer a quienes se aspira a representar., sin el contacto con la gente, sin salir a la calle, nunca rendirá frutos. Hacer política desde un rincón, o sofá sin capacidad de movilización no tiene incidencia, ni gana elecciones.

7-Despreciar lo “viejo”

Quienes no conocen su historia tienden a repetirla; quien la desprecia ya llegó a donde iba. Hoy se debate tanto de relevo político y en esas conversaciones surgen las acusaciones, irrespeto y desprecio a quienes no permiten oxigenar y bajar la media de edad en el ejercicio político. Juventud es sinónimo de rebeldía, pero no debemos permitir que lo sea de soberbia. Quien desprecia la sabiduría de la experiencia demuestra que no posee talento para liderar. Y esto no quiere decir que no se deba cuestionar, sino que la validez de ese cuestionamiento deriva del respeto y coherencia con que se planteen.

8-No escribir

Escribir es nuestro modo de procesar, aprehender y compartir nuestros conocimientos, experiencias, así nos enseñan desde la educación inicial. Los nuevos políticos no escriben, a pesar de todos los medios disponibles y la facilidad para publicar y difundir. Escribir para los políticos de generaciones anteriores era la manera de demostrar que tenían ideas, soluciones, PROPUESTAS. La ausencia de estas tal vez sea el motivo de este error. Sin una causa clara, sin ideas y posiciones no se escribe un texto.

9-No trabajar

Para algunos, basta con un golpe de suerte, con heredar la corona o ser amigo de “fulano”. Muchos creen que es fácil, y este es el mejor indicio de que no están haciendo política.

La política conlleva trabajo arduo, sacrificios, paciencia y enfoque. El trabajo es la receta común de quienes tienen éxito. Insistiré: no basta con querer servir, sin una cuota diaria de servicio. Sin impacto, ni resultados. El capital de un político es su trayectoria.

10-No buscar asesoría

Somos la generación más preparada de la historia y eso para muchos es difícil de manejar. La arrogancia de la cual se reviste el saber los convierte en políticos, asesores y expertos en estrategias. Son autosuficientes y esto tiene más carreras políticas estancadas que curules ocupadas. Ser asesor es más que tener creatividad y saber de un tema. Los “todologos” son eso: todologos, pocas veces exitosos. Quien es sabio en su propia opinión también es torpe para entender las voces del exterior y recibir instrucciones. Y nadie que sea incapaz de recibir sugerencias, seguir pautas es capaz de dirigir y menos representar.

Errar es de humanos, rectificar de sabios. Jóvenes políticos: inicien por entender que en la nueva política no hay espacio para la dinámica de la vieja y esto no es cuestión de edad, sino de ideas y acciones. Ese es un buen punto de reinicio.

Fuente: Mensaje 360

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