La «bofeteada» a Lula

La Justicia Electoral brasileña tiene hasta el 17 de septiembre para expedirse sobre si le deja presentar a Lula a las elecciones o no.

0
97

En unos días el gobierno del presidente Donald Trump nombrará a Mauricio Claver-Carone, uno de los opositores más duros de la izquierda en Estados Unidos como nuevo director de Asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional, la decisión está tan cocinada que solo falta hacerla pública.

George Bush fue obligado a mirar al mundo orientar, los atentados terroristas en Estados Unidos, y posteriormente en Inglaterra, España y Francia, llevó a la Casa Blanca a mirar a Afganistán, Irak, Siria, Egipto, Líbano y a cualquier país en el que pudiera respirar una célula terrorista.

Durante los últimos 20 años, cuando Estados Unidos cruzó el Atlántico, la izquierda Latinoamérica sirvió su banquete.

A partir de Cuba y Venezuela, la izquierda se empoderó en Brasil, Argentina, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Honduras, Perú y Bolivia y junto danzaron la Berioska. No tardaron en crear cooperativas y no tardaron, inspirados por la Comunidad Económica Europea, crear un “lingote” comercial que fortaleciera la región.

Fue la Secretaria de Estado de Barack Obama, Hillary Clinton, la primera en reaccionar. Lo hizo tarde. Cuando voltearon a ver a Latinoamérica, los gobiernos de izquierda gritaban “antimperialismo”. Los ecos llegaban a Moscú, y Vladimir Putin no perdió tiempo en enviar “altavoces” para que el ruido fuera mayor.

Era un hecho, Estados Unidos, perdía por primera vez, en décadas influencia política en la región. Clinton diseñó una campaña injerencista hacia Latinoamérica y prendió antorchas en varios países para sacudir a la izquierda.

En 2009, después que el derechista Manuel Zelaya giró a la izquierda, Hillary Clinton respaldó la destitución del presidente de Honduras. En su texto “Hard Choices” (Decisiones difíciles) la esposa de William escribió que el plan elaborado tenía como fin que ese país celebrara unas elecciones libres y justas de manera rápida y legítima. Fue el inicio de una campaña que llevó a las embajadas de Estados Unidos a buscar aliados para detonar escándalos de corrupción, que los hubo, para detener el crecimiento de la izquierda.

La izquierda se empezó a sacudir y resintió el golpe. Lula hoy, está preso en una cárcel en Curitiba. Su celda es de cuatro por cuatro, una cama, un escritorio, un armario, una ventana hacia un patio interior y un baño. Hay custodios 24 horas del día afuera de su celda, en completo aislamiento.

La Justicia Electoral brasileña tiene hasta el 17 de septiembre para expedirse sobre si le deja presentar a Lula a las elecciones o no.

Junto al triunfo en México de Andrés Manuel López Obrador, el hijo de Aristides Inácio da Silva y Eurídice Ferreira de Melo, 20 años después del inicio de los martillazos rojos que conquistó 15 países de la región, regresa a buscar el poder.

México es visto, desde Sudamérica, lejos, geográfica y políticamente.

La izquierda sudamericana quiere de vuelta a un líder; el escándalo Odebrecht, el descalabro económico en Venezuela, la condena de Lula, y las revueltas en Nicaragua, refuerzan la idea de que la puesta en escena de que la izquierda latinoamericana está terminado mal.

Ante lo que suceda en Brasil, Estados Unidos ya reaccionó, y Claver-Carone se hará cargo del influyente departamento de la Casa Blanca, una bofetada a la otra mejilla de Lula.

Suscríbete a nuestro boletín

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here