La compasión es la clave para evitar que el poder corrompa

Existe en la política la constante búsqueda de poder, la capacidad de tomar decisiones que logren beneficiar al pueblo, pero queda comprobado que muchas veces el poder corrompe. El caso de Stumpf muestra las consecuencias de una falta de empatía en un ambiente de tanto poder.

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En 2016, el entonces CEO de Wells Fargo, John Stumpf, fue citado ante el Congreso de Estados Unidos para explicar un escándalo masivo. Durante más de cuatro horas, Stumpf respondió a una serie de preguntas sobre por qué el banco, que tenía más de 1,8 trillones de dólares (alrededor de unos 1,45 billones de euros) en activos, había creado 2 millones de cuentas falsas y por qué, tras descubrirse el fraude, despidió a 5.300 empleados como una forma de redirigir la culpa hacia estos. Las grabaciones de esta audiencia representan un estudio de caso impactante pero ilustrativo de cómo los líderes corren el riesgo de ser corrompidos por el poder.

La presencia de Stumpf ante el Congreso muestra a un hombre que llegó a la cima de uno de los bancos más valiosos del mundo, pero que, sin embargo, parece mostrar una absoluta falta de capacidad para sentir compasión por los demás. A pesar de que sus acciones causaron que 5.300 personas perdieran sus trabajos, parecía incapaz de reconocer su dolor. Sí, se disculpó, pero no parecía arrepentido. Por el contrario, parecía un poco sorprendido por todo, como si realmente no entendiera el porqué de todo ese alboroto.

El comportamiento de John Stumpf puede explicarse a través de la investigación del neurocientífico Sukhvinder Obhi, quien descubrió que el poder afecta a la actividad de nuestras neuronas espejo, que cumplen una función neurológica que indica la capacidad de comprender y asociarse con los demás. El médico y parlamentario británico David Owen ha denominado a este fenómeno como el síndrome de Hibris, que define como un “trastorno por la posesión del poder, particularmente por el poder que se ha asociado con un éxito arrollador y se ha mantenido durante un período de años”.

Un CEO al que entrevistamos para nuestro próximo libro se mostró muy abierto acerca de este problema. Durante más de una década había sido CEO de una gran marca global de bienes de consumo. A medida que pasaba el tiempo, la presión constante, la actividad embriagadora de elaborar una estrategia y la necesidad de tomar decisiones complicadas con implicaciones difíciles para los demás le hizo menos empático. Dejo de lado las relaciones con sus colegas, sus amigos e incluso sus hijos. Un deterioro que iba en contra de su naturaleza ya que la empatía solía ser un rasgo dominante de su personalidad. Solía ​​saber cómo se sentían los demás y de forma natural podía demostrar preocupación por los sentimientos de otros. Sin embargo, su papel de líder se había cobrado un precio y, finalmente, la empatía estaba casi ausente en su pensamiento y en la toma de decisiones. Nos contó su experiencia de una manera muy práctica y con hechos, pero se notaba que también estaba arrepentido.

A través de nuestras entrevistas escuchamos variaciones de esta historia en repetidas ocasiones: no es que el poder haga que las personas quieran ser menos empáticas, es que asumir mayores responsabilidades y presiones puede reprogramar nuestros cerebros. Sin que sea nuestra culpa, puede obligarnos a dejar de preocuparnos tanto por otras personas como solíamos hacerlo. Pero no tiene que suceder así: esta programación puede evitarse y revertirse.

La compasión es la clave. Si bien la empatía es la tendencia a sentir las emociones de los demás y asumirlas como si las estuviera sintiendo, la compasión es la intención de contribuir a la felicidad y al bienestar de los demás. La compasión, por lo tanto, es más proactiva y esto significa que podemos convertirla en un hábito. Al hacerlo, podremos contrarrestar la pérdida de empatía que resulta de mantener el poder y, a su vez, posibilitar un mejor liderazgo y conexiones más humanas en el trabajo.

De los más de 1.000 líderes que encuestamos, el 91% dijo que la compasión es muy importante para el liderazgo y al 80% le gustaría mejorar su compasión, pero no sabe cómo. Está claro que la compasión es una habilidad que se pasa por alto en el entrenamiento del liderazgo.

En base a nuestro trabajo realizado con miles de líderes encontramos que estas son algunas formas prácticas para mejorar su compasión:

Aplicar la compasión en cualquier encuentro

Un proverbio chino dice: “No hay un camino hacia la compasión, la compasión es el camino”. Adoptar la compasión en cualquier interacción que tenga y preguntarse cómo puede beneficiar a los demás es el camino hacia la compasión. Es algo que creamos al aplicarla a cada interacción que tenemos.

De esta manera, usted puede convertirse en la brújula que dirige sus intenciones, su atención y sus acciones. Siempre que se comprometa con alguien pregúntese: ¿cómo puedo beneficiar a esta persona? Hágase esta pregunta cada vez que se encuentre con clientes, partes interesadas, colegas, familiares o amigos. Deje que sea un mantra que impulse sus intenciones momento a momento, de una reunión a otra.

Busque oportunidades para mostrar compasión

El ex CEO de Cisco, John Chambers, sabía que la compasión suponía algo más que hacer lo correcto, ya que también tenía un impacto positivo en su organización. Chambers estableció un sistema para asegurarse de que la información acerca de cualquier empleado en cualquier parte del mundo que estuviera experimentando una pérdida o enfermedad grave se le comunicara en un plazo de 48 horas. Una vez notificado, Chambers escribía personalmente una carta y extendía su apoyo a esa persona. De esta manera, inculcó una apreciación de arriba hacia abajo del valor de la atención y la compasión en toda la empresa.

Independientemente de si usted es el CEO o no, adopte el hábito diario de buscar oportunidades para mostrar compasión por alguien que lo necesita. Incluso puede poner un recordatorio en su calendario si le es útil.

Haga una meditación de compasión cada día

La compasión se puede cultivar a través de una serie de prácticas probadas con el tiempo. La investigación ha descubierto que unos pocos minutos de práctica al día ayudarán a su cerebro a reprogramarse para una mayor compasión. También se ha demostrado que, con el entrenamiento regular, puede experimentar un aumento de las emociones positivas, una mayor atención, un sentido de propósito más fuerte y una mayor felicidad. Además, se ha demostrado que el entrenamiento de la compasión altera significativamente las redes neuronales de nuestro cerebro de tal manera que reaccionamos al sufrimiento de los demás con compasión espontánea, en lugar de angustia y desesperación.

Haga clic aquí para acceder a más recursos sobre el entrenamiento compasivo, o simplemente siga las instrucciones a continuación:

  1. Programe cuatro minutos en un cronómetro.
  2. Siéntese de manera cómoda, relájese y centre su atención en su respiración para dejar que su mente se calme.
  3. Cuando se haya centrado, imagine a una persona querida por usted, alguien que esté pasando por un momento difícil.
  4. De forma clara sea consciente de los desafíos que está pasando esta persona y de cómo debe sentirse quien los experimenta.
  5. Con cada exhalación, imagine que exhala todo lo que esta persona necesita: calidez, fuerza y compasión. Respire todo lo positivo e imagínelo entrando en la otra persona.
  6. Mientras continúa respirando compasión en cada exhalación, con cada inhalación imagine eliminar todo el sufrimiento, dolor, remordimiento y heridas de la persona, pero sin que usted lo inhale. Imagine que simplemente está eliminando su dolor.
  7. Cuando esté listo, suelte a la persona y de nuevo preste atención a su respiración.
  8. Al terminar, abandone la práctica y observe cómo se siente.

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