La Escuela de los Cínicos

Columna de Diana Paola Martínez Berrocal, Colombia.

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Gráfica: Diego Iglesias

La denominada “escuela de los cínicos” fue una corriente filosófica de la antigua Grecia fundada por Antístenes, filósofo ateniense cuyo pensamiento consistía en llevar una vida de sencillez, con un marcado desprecio por las cosas materiales, sustentado en que todo lo que necesitaba el hombre para ser feliz se encontraba en su propio ser.

Un siglo después, el concepto de “cínico” cambió completamente de sentido, tanto, que se fue hacia el otro extremo, al peyorativo, denotando ahora a una persona de comportamiento amoral y desvergonzado, que miente con descaro utilizando argumentos convincentes, sumado a su capacidad retórica e intelectual.

Yo no sé quien fundó la “escuela de los cínicos” en Colombia pero hoy tenemos unos claros exponentes de esta corriente: un zar anticorrupción condenado por corrupción, un procurador más moralista que el Papa destituido por comprar su reelección, los del cartel de Odebrecht, de Reficar, un secretario de seguridad condenado por favorecer estructuras criminales, un contralor capturado por utilizar un hospital público para embellecerse él y toda su familia a punta de cirugías plásticas (cuando muchas personas que no tienen ni para una aspirina, llevan años rogando la orden para un examen).

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En fin, contrario al pensamiento de la escuela griega, la “escuela de los cínicos” en Colombia se sustenta en una marcada ambición por los bienes materiales, en un constante saqueo del dinero público a punta de coimas, cohechos, sobornos y tráfico de influencias para enriquecerse de manera desmedida; y en caso de verse involucrados en algún escándalo, los “cínicos” posan frente a los medios con la cara bien puesta, el nudo de su corbata perfectamente ajustado y con una sobriedad increíble, nos dicen: “Fue a mis espaldas”. “Me acabo de enterar”. “Me traicionaron”. “Me fue infiel”.

Aquí nadie asume responsabilidades, aquí la corrupción se nos metió hasta los tuétanos, han hecho del erario público una piñata, son verdaderamente cínicos, amorales, sin el mínimo reato de conciencia, se comen un muerto y no lo eructan, dan cátedra de moralidad y censuran la falta de honestidad, además, tienen el descaro de rasgarse las vestiduras porque las FARC van a incursionar en la política (al menos todos sabemos que los miembros de las FARC son unos bandidos, pero los de esta escuela son unos verdaderos delincuentes disfrazados de impolutos), máxime, cuando la corrupción en Colombia ha cobrado más vidas y más injusticias que todas las balas de la guerra juntas.

El problema no es que estos “cínicos” nos mientan de manera descarada, el problema es que les creemos y además, los volvemos a elegir.

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