¡La informalidad va ganando!

Apuntes sobre las acciones a tomar.

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Me acabo de ahorrar 200,00 dólares en impuestos ¡Me encanta este país! ¡Lo que no entiendo es por qué parece un VERTEDERO!, es la frase con la que Wilkinson y Pickett inician su obra Desigualdad. Un análisis de la (in)felicidad colectiva (2009), en la que sustentan: “hemos abandonado toda convicción colectiva de que la sociedad pueda ser diferente. En lugar de una sociedad mejor, lo único que perseguimos – la mayoría al menos – es mejorar nuestra propia situación como individuos en esta sociedad, tal y como es”, y esto en razón que el crecimiento económico y material de las sociedades modernas han creado niveles de desigualdad económica que aceleran el deterioro de las relaciones sociales, donde la constante es “nuestro desprecio hacia los demás porque tienen menos que nosotros”, desprecio que se mostraría en televisión nacional en el caso del incendio de las galerías en el centro comercial Las Malvinas.

Sin embargo, para nadie es un secreto que iguales o peores condiciones laborales se producen a diario a lo largo y ancho del Perú escudados en la informalidad empresarial que se alimenta del desprecio a las leyes y a las personas. ¡Soy pobre y por eso tengo derecho a no cumplir las normas! pareciera ser el argumento común para justificar la informalidad, ¿pero esto es cierto? consideramos que no; en realidad son “los empresarios informales” los que acumulan dinero aprovechándose de los pobres. El caso Las Malvinas, la minería informal del cobre y del oro, donde se mueven millones de dólares de mercadería, así lo demuestran.

El Estado ¿Qué hace al respecto? en la práctica muy poco, no trasmite confianza ni seguridad a los ciudadanos; primero ¿Es correcto pensar que todos los talleres, fábricas, minas, oficinas y otros oficios que trabajan de manera informal lo realizan con total desconocimiento de las autoridades locales, regionales y nacionales? consideramos que no; algo pasa y eso se llama corrupción; un segundo hecho es la propia ineficiencia del Estado para hacer cumplir las normas, ¿qué pasa si la administración tributaria no puede verificar un domicilio para la apertura de un RUC en una provincia alejada?, ¿si el Poder Judicial resuelve a favor de empresas que dejan de pagar impuestos?, ¿si nunca me ha visitado un inspector de trabajo o el municipio?, ¿por qué voy a dejar de hacer la actividad económica?, ¿por qué pagar impuestos?; son una serie de preguntas que se hacen todos y que se convierten en justificadores de la informalidad.

Esta situación no hace otra cosa que impulsar los abusos labores, la trata de personas y una serie de delitos adicionales y conexos que ahondan nuestras contradicciones sociales; entre ellas la delincuencia; es un tema de estatus, los jóvenes salen a robar para hacerse respetar, consiguen dinero más rápido que los sufridos trabajadores informales; para ellos debemos pensar más en programas orientados a recuperarlos que en construir cárceles; por ejemplo, la creación de programas específicos de autoestima y programas de trabajo en zonas de alta conflictividad, pintado de barrios y ordenamiento urbano, etc.

¿Pero qué hacer con la informalidad?, ¿cómo cambiar esta situación? Sin duda, lo más importante es tomar la decisión política de actuar, la lucha frontal contra la informalidad es clave para transformar las condiciones de vida de la población; no es popular pero es necesario y para esto el propio Estado en sus tres niveles debe emprender una campaña interna de lucha contra la corrupción; si siguen existiendo funcionarios que se hacen de la vista gorda, nada cambiará; por otro lado, iniciar programas de mapeo industrial, tipo censo, en los municipios y regiones para identificar y registrar las empresas informales existentes, para identificar mercados potenciales y unir la oferta y demanda; promover la incorporación de la empresa privada formal al esfuerzo de financiar programas de formalización a quienes puedan brindarles servicios, obteniendo beneficios tributarios; experiencias de este tipo se han utilizado de manera positiva en el sector minero informal.

De igual forma, los municipios, la administración tributaria y la autoridad de trabajo deben de manera conjunta, utilizar la tecnología para implementar programas en red de identificación y registro inmediato de las empresas informales y sus trabajadores; toda una serie de posibilidades de acción que deben considerarse y priorizarse; lo cierto es que el momento de actuar es hoy; cada momento que pase sin actuar se agudizan nuestras contradicciones sociales, con especial impacto en nuestra juventud y sólo nos quedaría decir ¡La informalidad va ganando!

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