LA LUCHA ENTRE DON CORLEONE Y DON QUIJOTE

Reflexiones sobre la lucha contra la corrupción en el Perú a la luz de los audios del caso Moreno.

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Sin dudarlo, las películas El Padrino I y II se encuentran entre las más famosas de todos los tiempos, ambas ganadoras de premios como mejor película, le dieron una aureola de fascinación al mundo del hampa y especialmente a su jefe Don Corleone, quien presenta una sensación de ser todopoderoso y cuenta con una complicidad total del sistema legal y político a su corrompido accionar.

Escenas como la del Senador por Nevada Pat Geary, requiriendo un soborno para la entrega de una licencia para el funcionamiento de un hotel y la de Johnny Ola, hombre de confianza del jefe mafioso Hyman Roth, diciendo que su jefe sigue vivo porque “siempre hace dinero para sus socios”; son quizás las escenas más claras de como la corrupción se llega a enquistar en los niveles más altos de la administración pública y como ella se alimenta de continuos flujos de dinero, independientemente de los gobiernos que van pasando.

Sin embargo, esta realidad que en el cine divierte; en la vida real y sobre todo en el caso peruano, alarma y pone en cuestión la eficiencia de nuestra propia democracia; la corrupción nos carcome y ahoga la propia existencia de la nación. Si Alfonso Quiroz le había dado una definición a la corrupción, al decir que es “el mal uso del poder político burocrático por parte de camarillas de funcionarios coludidos con mezquinos intereses privados para obtener ventajas económicas o políticas contrarias a las metas del desarrollo social mediante la malversación o el desvío de recursos públicos y la distorsión de las políticas e instituciones”; los audios le han dado una personalidad propia al corrupto en general; el desvergonzado, ambicioso, inescrupuloso, insensible al dolor humano, para quién todo es válido en su ilícito accionar y sobre todo, lo que más espanta, seguro de sí mismo y sin miedo a la ley por su cercanía al poder.

Como señaló -hace más de cien años- Manuel Gonzales Prada, en su célebre Discurso del Politeama, “El Perú es un organismo enfermo, donde se pone el dedo salta la pus”; mejor frase no puede describir la situación actual; la corrupción es endémica y sólo un gobierno quijotesco y plenamente decidido podrá enfrentarla. En este sentido, las acciones propuestas por el señor Presidente de la República en su mensaje a la nación, son un primer paso y marcan una pauta de su accionar; sin embargo, están muy lejos de poder decir que las mismas ataquen el fondo de la corrupción endémica que vive el país.

En primer lugar, reestructurar el despacho presidencial es una obligación; la emisión de normas legales con nombre propio para permitir la contratación de personal clave es más común de lo que quisiéramos; si bien los perfiles profesionales no garantizan la honestidad de la persona, al menos es un primer filtro para su selección, en palacio de gobierno con mayor razón. En segundo lugar, plantear que los ministros evalúen su propio entorno, trasfiere la responsabilidad de mantener a determinados funcionarios en sus cargos. En ese sentido; la pregunta será ¿Qué tan dispuestos estén los ministros de desprenderse de funcionarios de confianza, que no aporten profesionalismo y ética a la gestión?

Por otro lado, la aprobación de una ley de muerte civil es una propuesta de campaña; sin embargo, es una propuesta que depende; primero de que exista un hecho denunciado, que este haya sido judicializado y sentenciado en última instancia para que se aplique la ley; lo cual, conociendo los plazos de nuestro sistema de justicia puede demorar varios años; así mismo, la propuesta de convocar al Consejo de Estado para luchar contra la corrupción es una obligación legal y moral, nadie debe excusarse de luchar contra la corrupción y finalmente crear una Comisión Nacional de Integridad que emita un informe y proponga normas, a todo esto, nos llama a preguntarnos para que existe la Comisión de Alto Nivel Anticorrupción, ¿Se reestructurará? o simplemente nunca fue escuchada.

Estas reflexiones, que nacen de la indignación tienen como único fin, remarcar que la lucha contra la corrupción ya no puede basarse en informes, diagnósticos y medidas que demoren años en implementarse, sino en una gestión concreta y directa que demuestre a los corruptos que su destino es la cárcel; así como en esa otra película de culto llamada Los Intocables, donde un líder honesto, representado por Eliot Ness junto a un equipo leal de correctos funcionarios lleva a la cárcel al todo poderoso jefe mafioso Al Capone. Hoy día necesitamos ese liderazgo y esas medidas concretas para renovar los cargos públicos sensibles y gestionar los recursos públicos; para ello el presidente tiene que tener ese espíritu quijotesco para disponer los cambios y luchar contra esos gigantes molinos de viento que representan a los Don Corleone, Al Capone y demás corruptos ocultos en la bruma.

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