LA RADICALIZACIÓN DEL DISCURSO POLÍTICO, El escenario con Antauro Humala

Columna de opinión de la reciente entrevista realizada a Antauro Humala difundida en medios.

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Gráfica: Diego Iglesias

Hace unos meses, se escribió sobre el riesgo existente que significaría que el discurso político en el Perú se radicalizara debido a la escandalosa inacción del Sistema de Administración de Justicia para enfrentar la pandemia de corrupción llamada Lava Jato y la crisis política; en ese sentido, el día de hoy una entrevista realizada a Antauro Humala difundida en radio Exitosa marca la pauta y las características de cómo se manejará dicho discurso.

El entrevistado, fiel a su estilo, utilizó un lenguaje pobre, lleno de vulgarismo, queísmo y disfemismo, pero a la vez, fácil y sencillo de entender, directo y contundente, comprensible y cercano al ciudadano común; diciendo lo que la mayoría piensa pero no es capaz de expresar por una cuestión de formas. Hay que entender que la esencia misma del discurso radical es la destrucción del idioma, no importa el estilo ni las formas sino la fuerza, la estridencia y sobre todo la conexión con la gente.

El discurso radical siempre se construirá sobre la crítica, sobre la ilusión de lograr soluciones rápidas y fuertes a la pobreza y la corrupción, que la democracia, por ser débil – según los radicales, no puede lograr. Así Alemania de la década del 30 sucumbió ante el nazismo y Venezuela ante el Comandante Chávez.

En ese sentido, nada más contradictorio que la democracia sea el vientre de alquiler del discurso radical; al haber sido incapaz en los últimos siete gobiernos civiles de construir el concepto de nación; por un lado, actos flagrantes de corrupción quedan impunes; la inseguridad ciudadana se acrecienta por que se ha perdido el respeto a la ley; por otro, la informalidad campea, nadie está dispuesto a cumplir la norma, la evasión, y la «viveza criolla”, que constituyen el pan de cada día.

No cabe duda, que Antauro Humala será un actor en la política peruana, con mucho o poco arrastre dependerá de cómo la democracia y sus actores se comporten en estos años, que el gobierno conduzca la cosa pública con eficiencia y cumpla sus objetivos y que la oposición no realice una oposición populista sino pensando en el futuro; si no, nos aventuramos a pensar que el estilo y el discurso radical del menor de los Humala terminarán aglutinando a Santos, Arana y otros sectores de izquierda, los cuales discutirán el poder en serio con una derecha desacreditada e indolente. ¡Qué Dios nos ayude!

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