“La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia”

La Contraloría y su rol en la lucha contra la corrupción

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Hace pocos días se inauguró el nuevo edificio de la Escuela Nacional de Control, dicho evento fue engalanado con la presencia del señor Juan Manuel Portal, Auditor Superior de México, quién en una entrevista al diario El Comercio sentenció que “prevenir los sobornos de Odebrecht era imposible para los organismos de control como la contraloría, ya que se da en ámbito privado”.

Esta reflexión, permitiría explicar de manera simple por qué los órganos de control –Contraloría General de la República en el Perú – no lograron darse cuenta de los hechos conocidos ahora por todos; normas legales con nombre propio, contratos de concesión otorgados a dedo, informes legales a la medida, procesos de compras públicas dirigidos, etc. Ninguna de esas cosas podía verificarse porque la “coima” tenía como origen el sector privado.

Sin embargo, esta explicación suena más a una justificación que a una realidad. En la práctica, la Contraloría General de la República fue ineficiente e incapaz de descubrir estos hechos de corrupción. Einstein señaló que “la verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia” y en ese contexto, la contraloría fue incompetente para descubrirla o evidenciarla; además fue incapaz de sostener sus dictámenes que contenían cuestionamientos a los contratos de la interoceánica, fue incapaz de supervisar los contratos de los tramos 1 y 2 de la línea 1 del metro de Lima. La verdadera crisis que vivimos, es que nuestro sistema de control no funcionó.

Hace algunos años, cuando estalló el escándalo de corrupción en los Gobiernos Regionales, principalmente en las regiones de Ancash y Tumbes, todos nos preguntábamos ¿Dónde está la Contraloría? ¿Qué hace realmente para evitar estos hechos? ¿Será que se aboca sólo a investigar a los peces pequeños y no a los peces gordos? El ex Contralor declaró que “había 25 mil funcionarios que están o en el Ministerio Público o en el Poder Judicial pero que sepa de aquellos ninguno era un pez gordo”; lo cierto es que los grandes escándalos normalmente se descubren por acción del periodismo de investigación y no por la acción de los órganos de control.

¿Será entonces que la Contraloría se aboca a fiscalizar la forma más que el fondo?, que fiscaliza al funcionario de mando medio – quién es normalmente el que firma los documentos en el sector público – y no a la Alta Dirección. Lo cierto es que a nuestro actual Contralor, que por casualidad fue Vice Contralor en los últimos siete años de la gestión anterior y fue elegido apuradamente por el Congreso anterior, le toca afrontar una labor titánica si pretende recuperar la imagen de la Contraloría; sin embargo, esta recuperación no se logrará con acciones y declaraciones efectistas ejecutadas luego de descubiertos los hechos de corrupción por otras fuentes, sino por acciones concretas que coadyuven a la administración pública a cumplir su labor de manera rápida pero segura; caso contrario, como señaló el Presidente de la República corre el riesgo de convertirse en una traba potencial para la gestión pública.

En ese sentido, la propuesta planteada respecto de la modificación de la Ley General de Contrataciones para darle facultades de intervención en la convocatoria y ejecución de los procesos de obra y que ha llevado a declaraciones respecto a convertir al OSCE en una unidad ejecutora de la Contraloría podría significar la preparación de un sancochado con insospechadas consecuencias, si su labor no es comprar ¿Quién controlará a la Contraloría?, ¿Quién supervisará a los supervisores?

La contraloría no se puede manchar, únicamente debe cumplir su labor y para ello deberá trabajar duro, con criterio positivo y no con afán mediático ni respuestas al son de las portadas de los diarios. Como dijo Einstein “La única crisis, es la tragedia de no querer luchar para superarla”.

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