Los votos se consiguen con notoriedad y tocando a los electores

Columna de Andrés Lizarralde Henao, consultor colombiano.

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Foto: Andrés Lizarralde

Este artículo va dirigido a aquellos políticos a los que les encanta hacer campaña desde las oficinas de su sede política, a través de la publicidad que entregan sus voluntarios en las calles o, simplemente, a través de los medios de comunicación; esos que por exceso de confianza en el partido o en el promotor de su proyecto, dejan de hacer proselitismo en la tierra, es decir, en los lugares donde permanecen los electores porque no les gusta hacer contacto con ellos.

Es insólito que a estas alturas todavía existan aspirantes a cargos de elección popular que quieren el favor de los electores en las urnas, pero que no muestran un mínimo de disposición así sea para acercarse a pedir un voto. No les gusta ir a los barrios, a los parques, a las tiendas y mucho menos a las casas de la gente.

Todo entra por los ojos y los demás sentidos. Es decir, a los ciudadanos le gusta ver, escuchar, tocar y hasta percibir a que ‘sabe o huele’ un candidato antes de entregarle su respaldo. Más aún, si se trata de una persona que por primera vez va salir a la palestra pública.

En este sentido, viene de manera oportuna un mandamiento del Consultor Daniel Eskibel en su artículo, Nadie vota al hombre invisible: “un candidato que quiera ganar es simplemente dejar de ser invisible. Hacerse conocer. Más aún, más allá de querer ganar: para existir como candidato real es necesario lograr notoriedad”…

…”La notoriedad es condición necesaria para un candidato, no suficiente pero sí imprescindible. Quien la tiene, avanza. Quien no la tiene, debe construirla”.

Está bien que sea complicado recorrer todo un municipio, un departamento, o peor aún, un país. Sin embargo, para eso está la planificación, para que fije una agenda que le permita llegar a la gente a través de recorridos programados donde pueda visitar a líderes clave y generar presencia en los medios de comunicación o las redes sociales; pues de allí a querer hacer campaña desde el anonimato, si es algo complicado que podría poner en riesgo cualquier aspiración electoral.

En síntesis, lo que debe hacer un candidato durante el proceso electoral es lograr notoriedad para ir ganando espacio en el cerebro del votante. Que gracias a su buen trabajo la gente asocie lo que le cuentan de su aspirante con el nombre, su rostro, los gestos, el discurso, su partido, su forma elegante de vestir y hasta la manera amable de tratar a las personas.

¿Ahora si me hago entender? Si ya le cogió el hilo al tema, no veo por qué se les hace tan complicado llevar a cabo una buena campaña.

Ese es el asunto. Ahora solo queda tomar atenta nota y tener la mejor disposición para asumir las campañas que vienen. Obviamente, lo anterior se resume en que para sacar adelante su nuevo proyecto político debe bajar a la tierra y no vivir en la nube del triunfalismo. Esto implica caminar, tocar puertas, saludar y hablar con la gente, para que no pase como el candidato invisible al que nadie vio, la gente ignoró y por ende, perdió.

Sé que le puede parecer complejo y desgastante, pero un candidato inteligente y aterrizado frente a lo que implica ganarse el corazón y quedarse en la mente del votante, está dispuesto a hacer campaña los 7 días de la semana durante los 24 horas del día, y en ese período, ser consciente que deberá aplicar las tres C’s para “caminar constantemente la calle”, y gastando las tres S’s, “suelas, sudor y saliva”.

Imagine que usted va a un supermercado y un promotor de ventas se le acerca para ofrecerle un producto. Le cuenta de sus múltiples beneficios, ventajas y, además, le dice que está en promoción 2 x 1, pero que necesita que deje el dinero y a los dos días vuelva para entregárselo. Usted desconfía. ¿cierto?

No cree en todas las maravillas que le acaban de comentar, simplemente porque no lo está viendo, no lo pudo tener en sus manos y hasta duda que exista o tenga todos los beneficios y ventajas de las que le hablaron. Pues lo mismo le pasa al elector. Y si no lo considera, póngase a analizar lo que piensan los ciudadanos de los políticos en la mayoría de los focus group: que son mentirosos, no cumplen y son unos corruptos. ¿Entonces por qué creer en un candidato que ni siquiera da la cara?

En campaña actúe de manera asertiva y piense… ¿por qué no ir donde la gente, generar una relación de confianza y pedirle el voto de manera directa, antes que buscar culpables en el equipo de campaña, en los asesores o hasta en los electores, cuando la falencia estuvo en la ausencia del candidato?

El mensaje es claro. Todo entra por los ojos y los demás sentidos. La gente quiere ver o tocar lo que va a comprar, o en el caso de las elecciones, ver, tocar y escuchar al candidato por el que va a votar.

En fin, muéstrese, vaya a la calle, hable con la gente, escuche y métase en su cabeza, pues casi nadie vota por un candidato invisible. Además, los votos se consiguen con notoriedad y tocando a los electores.

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