México y su inquisición digital

Por Ruby Soriano, ganadora del Napolitan Victory Award como Mujer Influyente de la Comunicación Política 2019.

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Han sido muchas historias, relatos, narrativas que lograron visibilizar en México esa realidad dolosa para cientos de mujeres que en algún momento de sus vidas fueron víctimas de acoso, abusos en algunos casos con finales trágicos como los feminicidios.

El movimiento #MeToo, ha sido una gran ventana para hacer visibles todas estas experiencias compartidas por mujeres de diferentes estratos sociales y profesiones que de pronto encontraron en twitter el arma perfecta para exhibir a sus verdugos.

Lo que hoy ocurre en México este movimiento,  obliga a replantear esos protocolos que nadie a ciencia cierta sabe si se aplican a la hora de publicar en redes sociales las denuncias contra personas que no son ni siquiera consideradas como presuntas, sino son declaradas desde el inicio como culpables.

Sin embargo, este movimiento alcanzó efectos inimaginables que han derivado en serias denuncias contra personajes muy conocidos en los ámbitos literarios, musicales, teatrales y de diversas disciplinas, donde los relatos escalofriantes se hicieron presentes para inundar la red social.

El movimiento cobró resultados lamentables con el suicidio del músico y escritor Armando Vega, integrante del Grupo de Rock Botellita de Jerez, quien luego de ser señalado por una mujer que lo denunció por abusarla cuando ella tenía escasos 14 años, decidió quitarse la vida, dejando una carta en la que negó haber cometido el abuso y se dijo devastado ante los efectos que en su vida laboral y personal tendría esta seria acusación.

Alentadas por un feminismo exacerbado, cientos de jóvenes se suman a comentarios lapidarios donde es difícil distinguir las mentiras de la realidad, las venganzas de las denuncias, el protagonismo de la victimización.

El carácter anónimo de las denuncias, pone en duda la veracidad de muchas de ellas, sobre todo cuando el anonimato alcanza hasta a los administradores de estas páginas que se han convertido en una nueva inquisición digital.

La valía de estos movimientos es innegable por dejar al descubierto esa realidad que durante décadas permaneció en las penumbras encubriendo los abusos y excesos de muchos personajes que merecían ser señalados y denunciados.

Sin embargo, estas denuncias deben ir acompañadas de una identidad real que además de señalar y contar historias retroactivas, puedan dar pie al inicio de procedimientos y aplicación de protocolos que realmente demuestren la veracidad de ellas, dando un acompañamiento no sólo jurídico, sino también psicológico a las presuntas víctimas.

Lo que no puede seguir sucediendo es que a través de la palabra feminismo se fomente un odio patriarcal o contra todo aquello que señale a los hombres.

Es mucho lo que aún se tiene que hacer para visibilizar todos los excesos pero no sólo contra mujeres, pues si bien los casos son menores, también hay hombres que han sido víctimas de estos mismos abusos y acosos.

El #MeToo no puede ser un instrumento de venganza o linchamiento.

Así no señoras, #MeToo debe seguir como una herramienta que además de visibilizar, ayude a las presuntas víctimas a iniciar denuncias reales y no sólo en una red social.

@rubysoriano

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