¿Por qué nos creemos las ‘fake news’?

Las creencias, verdaderas o falsas, nacen de los recuerdos compartidos por una comunidad y las nuevas formas de comunicación favorecen el fenómeno.

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En el mundo de la post-verdad, la investigación sobre cómo se forman las memorias individuales y colectivas ha cobrado una importancia especial. Las redes sociales han proporcionado una plataforma con la que los hechos, o los pseudo o post-hechos, se propagan más rápidamente y entre más personas. Pero, como demuestran por ejemplo las páginas de periódico ocupadas por los avistamientos del yeti entre los siglos XIX y XX, el fenómeno no es nuevo.

Los recuerdos compartidos fortalecen las comunidades y viceversa

En 2015, dos investigadores estadounidenses, Alin Coman y William Hirst, descubrieron que las personas experimentan más olvidos inducidos cuando escuchan a un miembro de su grupo social, que cuando escuchan a un extraño. En otras palabras, es más probable que la convergencia de la memoria se produzca dentro de un mismo grupo. Un hecho importante a la luz de los datos que muestran que el 62 por ciento de los adultos estadounidenses se informa a través de la redes sociales, donde la pertenencia a un grupo es reforzada.

«Como demuestran por ejemplo las páginas de periódico ocupadas por los avistamientos del yeti entre los siglos XIX y XX, el fenómeno no es nuevo”

El profesor Coman cree que la convergencia de la memoria fortalece la cohesión del grupo: “Al compartir un recuerdo, logramos una identidad más fuerte para cuidar los unos de los otros”. De esta manera, un hecho o un pseudo-hecho difundido en una comunidad sólida tiene una mayor posibilidad de ser aceptado como verdad por sus miembros.

Las ‘fake news’ prosperan en sociedades libres

La memoria colectiva es también un arma de doble filo y, sin duda, algunos la utilizan para engañar. “El hecho de que la información pueda fluir libremente es una de las características fundacionales de las sociedades abiertas y democráticas” – asegura Coman – “pero crear este tipo de sociedad no es garantía de conseguir resultados positivos”. Falsas noticias y falsos recuerdos colectivos, por tanto, podrían ser el precio de la defensa de la libertad de expresión.

El aumento de la desinformación puede llegar a alterar las memorias individuales y colectivas de forma preocupante. Así que la comprensión de cómo y por qué se forman los recuerdos falsos podría ofrecer cierta protección la próxima vez que se mencionara una masacre que nunca tuvo lugar, como sucedió hace unos días, cuando el presidente Trump habló de unos atentados en Suecia que nunca ocurrieron.

La comunicación plasma la memoria y llena vacíos

Estudios sobre conversaciones entre conocidos hablando del pasado muestran que el hablante puede reforzar algunos aspectos de un evento, repitiéndolos de forma selectiva. Además, los procesos mnemónicos que se producen durante la exposición inicial a una información incorrecta son mucho más difíciles de corregir sucesivamente, por no hablar de que, a menudo, preferimos una explicación falsa a no tener ninguna explicación.

El aumento de la desinformación puede llegar a alterar las memorias individuales y colectivas”

El factor tiempo

El conjunto de recuerdos colectivos de un grupo evoluciona con el tiempo, ya que las personas tienden a ser más marcadas por los acontecimientos de su adolescencia o su adultez temprana, según un fenómeno denominado salto de reminiscencia. Con el tiempo, cada generación añade algunos eventos a su memoria y se olvida de otros.

Una encuesta del Pew Research Center de Washington muestra que los momentos históricos decisivos para los ‘baby boomers’ de Estados Unidos fueron el asesinato de John F. Kennedy y la Guerra de Vietnam, mientras que para los nacidos a partir de 1965 fueron el atentado a Ronald Regan y la primera guerra en Irak en 1991.Modificar la historia en modo revisionista es tanto más fácil cuanta más amplia sea la distancia temporal con los hechos.

La realidad no es única

El filósofo Enmanuel Kant teorizó que el ser humano no puede conocer las ‘cosas-en-sí-mismas’, sino solamente las cosas tal como las experimenta en su mente. Ahora bien, ninguno de nosotros va por el mundo preguntándose si lo que ve existe realmente, pero la verdad es que no hay una única e inequívoca realidad ugual para todos, sino que muchas realidades, tantas cuantos son los puntos de observación.

El Profesor J. Antonio Aznar Casanova del Institut de Neurociències de la U.B. explica que “la realidad es percibida, sentida y conocida por los seres humanos, pero de un modo subjetivo, dentro de esa corriente dinámica de conciencia que se genera en el mundo sensorio-perceptivo, tomando la forma de un ‘yo’ corporizado en un mundo con el que interactúa”.

Enmanuel Kant teorizó que el ser humano no puede conocer las ‘cosas-en-sí-mismas’, sino solamente las cosas tal como las experimenta en su mente”

La realidad percibida es un producto de la estrecha relación entre el observador y el observado y, como tal, se altera de forma continua sobre la base de lo que puede llamarse ‘autoengaño’.

El autoengaño es una especie de trampa involuntaria que la mente nos pone para sacar algunos beneficios que considera más importantes que la aceptación de la realidad tal y como es. “El amor es el más sublime de los autoengaños”, escribió Marcel Proust.

La realidad percibida es un producto de la estrecha relación entre el observador y el observado”

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