Odebrecht y las enseñanzas del Caso Watergate

Las incalculables consecuencias del mayor caso de sobornos de la última década.

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Uno de los mayores escándalos políticos de las últimas décadas fue sin duda, el caso Watergate; el mismo que determinó la renuncia de Richard Nixon a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, ante el eminente pedido de destitución de parte del Congreso, el cual inició su juicio político o impeachment, al haberse acreditado que tanto él como sus principales colaboradores habrían intentado obstruir la justicia; así como también su probada participación y conocimiento de una serie de actividades de desvío de fondos y espionaje en contra de sus opositores políticos, tanto demócratas como republicanos.

Traemos a la memoria este ejemplo, porque encierra muchas características similares al asunto Odebrecht; en ambos casos, se generaron pagos por sobornos, desvío de fondos y se vieron involucrados los más altos niveles de gobierno; tal como se describe en el libro “Todos los Hombres del Presidente”, de Bernstein y Woodward, el cual resulta revelador para entender como, mediante una investigación periodística o judicial seria y profunda puede desentrañarse el marasmo de corrupción elaborado, a pesar de que los mayores niveles de poder escondan, mientan o nieguen su participación.

Resulta por tanto preocupante que a pesar de contar con casi tres años de investigación poco o nada se haya avanzado; pareciera ser que sólo el hecho de haber sido publicada la existencia de un acuerdo de delación entre la empresa y la justicia norteamericana, encendió los motores de nuestros periodistas e investigadores; lo que crea una sensación de impunidad y desencanto que bien puede afectar la base misma de la gobernabilidad nacional.

En ese sentido, el impacto del caso Odebrecht va más allá de los aspectos simplemente económicos relacionados a los montos pagados por sobornos y las ganancias ilegalmente obtenidas; tiene que ver fundamentalmente con la demostración de que el Perú es un país moral y éticamente viable; donde el corrupto al igual que el marca o el sicario es juzgado y sentenciado, donde el corrupto y el ladrón de a pie, cumplan su sentencia en la cárcel y no en un clínica privada. Esto tiene que ver con hacer del Perú un mejor país.

La experiencia del caso Watergate nos plantea la necesidad de contar con un vigoroso periodismo de investigación, independiente, que coadyuve a visualizar las redes de la corrupción y con un Sistema de Administración de Justicia, efectivo y transparente, donde la justicia pronta sea la base para consolidar nuestra esencia de país moral y éticamente viable.

Por eso, si queremos consolidarnos como país, el periodismo de investigación tiene un reto, demostrar que es independiente, incisivo y comprometido con la verdad, desenmascarando a los corruptos, convirtiéndose en un aliado del Sistema de Administración de Justicia, el cual tiene a su vez que asumir su rol en la historia y liberar a nuestro país de todos estos fariseos, caiga quién caiga. ¡¡El Perú se lo agradecerá!!

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