La política es un largo viaje lleno de obstáculos. Querer llegar rápido no es más que una vana ilusión. Una ilusión perseguida con asombroso empecinamiento por gran parte de los políticos.

Vivimos un tiempo donde la promesa de éxito rápido y fácil tiene gran predicamento. En política significa obsesionarse con el corto plazo y nada más que el corto plazo. Tiempos breves, entonces. Limitados a la próxima campaña electoral.

Así es que las emociones se disparan y los razonamientos apenas cubren las apariencias. Y en el partido político se dice que ahora sí, que en esta campaña sí que podemos ganar, que esta elección es la nuestra, que la gente ya no cree en nuestros rivales, que vamos a ganar.

Banderas, discursos, apariciones en el telediario, mucha presencia en redes, mitines para colocar el mensaje, unas buenas vallas, mucho ingenio y por sobre todo mucha pasión.

La noche de la elección es la noche del golpe contra la dura piedra de la realidad. La derrota duele y solo queda la resaca.

Es que la política no es cuestión de corto plazo.
Es un viaje para llegar lejos.

El viaje del héroe

El mito del viaje del héroe es un tema recurrente en todas las culturas humanas. Y su estructura básica es siempre la misma:

  1. El protagonista vive una realidad ordinaria y común
  2. Ese protagonista recibe algún tipo de llamado hacia una acción extraordinaria
  3. Inicialmente rechaza ese llamado y se conforma con la realidad a la que está habituado
  4. Aparece alguien o algo, un mentor o consejero que lo estimula y lo ayuda a emprender esa acción extraordinaria
  5. Con esa ayuda, el héroe enfrenta obstáculos formidables y los va venciendo uno por uno
  6. Finalmente el protagonista vuelve a su realidad ahora transformada por sus acciones extraordinarias

Así, largo y plagado de obstáculos, es el viaje que emprenden algunos candidatos y algunos partidos políticos.

El camino del partido

¿Cómo se ve el camino del partido político a la luz del viaje del héroe?
Pues bien: los partidos viven su propia realidad, su vida de siempre, sus hábitos más arraigados, sus mecanismos tradicionales, su cultura tan largamente construida.

En algún momento algunos de esos partidos sienten el llamado del cambio. Perciben que la realidad política, social y cultural ya ha cambiado. Esa realidad ahora es otra, distinta, cruzada por nuevas variables. Y esa nueva realidad los desafía a cambiar. Pero la primera reacción siempre es la resistencia al cambio. Una red de emociones y creencias que les empujan hacia la repetición de las mismas viejas y conocidas prácticas.

La mayoría suele conformarse con lo viejo conocido.
La mayoría, no todos.
Algunos no se conforman. Abren su mente. Buscan alternativas. Quieren cambiar. Y buscan ayuda porque quieren llegar lejos.

Entonces aparece el consultor político.
Porque el consultor es quien cumple el papel del mentor, del consejero, del especialista que ayuda al partido a salir de los caminos ya trillados.

Pero…
¡Un momento!
¿De verdad los partidos políticos necesitan un consultor externo?
¿Acaso no basta con las propias estructuras políticas partidarias? ¿Acaso no es suficiente contar con los asesores políticos que revistan en la propia plantilla del partido? ¿Acaso el gabinete de comunicaciones del partido no puede resolver más que bien las comunicaciones y lo mismo la dirección política respecto a la estrategia?

¿O será que el consultor político trae otra lógica a bordo?

Consultor político a bordo

Lo digo desde ya: el consultor político externo es una herramienta esencial en la profesionalización de la política.
Esencial.

Y no sustituye sino que complementa a la dirección política, al gabinete de comunicaciones, a los asesores políticos de plantilla y a las estructuras partidarias.

Les complementa y les ayuda a potenciarse en su máxima expresión.

Porque cuando el partido político cuenta para determinada etapa con un consultor político a bordo, lo que hace es incorporar algunos beneficios que antes no tenía. A saber:

  • Especialización
  • Experiencia
  • Frialdad

Incorporar a bordo a un consultor político externo es incorporar especialización en una o más de una zona de acción. Porque hay especialistas en estrategia, en trabajo territorial, en comunicación, en resolución de crisis, en imagen de marca, en psicología del votante, en liderazgo, en segmentación electoral, en campañas electorales, en comunicación de gobierno y en diversas áreas de trabajo.

Claro que se puede improvisar en dichas áreas, pero a cuenta y riesgo de cada uno. Se puede improvisar pero cada vez es más claro que esa decisión conduce hacia el abismo político.

En campañas políticas tan complejas como las de nuestro tiempo, o profesionalizas al máximo o mueres.
Y eso sin importar cuánta razón lleves o cuan elevados sean tus ideales.

Por otra parte incorporar a bordo a un consultor político externo es incorporar experiencia.

¿O acaso en tu formación política alguien ha participado en 50, 100 o 150 campañas electorales?
Pues los profesionales de la consultoría política sí lo han hecho.
Y ponen esa experiencia en tu propia nave.

Finalmente, incorporar a bordo a un consultor político externo es incorporar una mirada fría y desapasionada.
Casi escucho tu voz protestando:
— ¿Frialdad? ¿Desde cuándo en la política es un valor la frialdad?

Y casi te respondo en voz alta:
— Desde siempre, hombre. Desde siempre.

Las pasiones dentro de un partido político son intensas.
Está bien que así sea.
Además, ya sabes: es inevitable.

Las pasiones, tan buenas en muchos sentidos, terminan siendo una trampa mortal para los partidos.
Porque distorsionan los análisis, las estrategias y las tácticas.
Siempre lo hacen.
Subrayo: siempre.

Entonces necesitas una mirada externa, analítica y fría, que no se contamine del clima interno de tu organización. Que no forme parte de los conflictos entre dirigentes, que no se nuble por la emoción, que no aspire a ningún cargo político, que no tome partido por ningún bando ni corriente interna de opinión, y que solo se dedique a ayudar desde su profesión.

Sí.
Necesitas en tu partido un consultor político externo.
Porque necesitas ayuda. Una ayuda que traiga especialización profesional, experiencia en campañas y una mirada fría y objetiva.

El acercamiento entre partidos políticos y consultores es una realidad creciente en todo el mundo. A diversas velocidades dependiendo de la región, pero creciente.

Colaboran con ello los buenos resultados que suelen obtenerse, la mayor visibilidad de los consultores, la difusión de sus experiencias y saberes, la institucionalización de la alta formación universitaria en el sector y el ejemplo cada vez más valioso de la consultoría externa en el área empresarial.

Pero también hay obstáculos, claro está.

Fuente: Maquiavelo y Freud.

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