El Perú en su hora más crítica

¿Por qué la vacancia debe aceptarse? Por Luis Herrera Romero, analista político especialista en comunicación política y gestión pública.

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El Jueves 22 de marzo el Perú se encontrará en su hora más crítica, la hora en que tiene que decidir entre sostener una crisis de gobernanza sin precedentes o apostar por un cambio que nos devuelva la dignidad que, como sociedad, nuestros políticos nos han ido robando gobierno a gobierno.

Y esto es así, porque la crisis ética de las últimas décadas han corroído nuestras instancias gubernamentales hasta la médula; ya nadie cree en nadie, no hay poder del Estado o entidad pública que se salve. Los lamentables ejemplos del Congreso de la República y el Poder Judicial, excluyéndose de la ley SERVIR para, digámoslo claro, evadir la obligación de ser evaluados; o los sindicatos de SUNAT y PROINVERSIÓN, aprovechándose de los presupuestos públicos para arrogarse beneficios, que desde un punto de vista de eficiencia no merecen; lo único que muestra es la existencia de una administración pública ajena a la realidad y que funge únicamente como la mayor agencia de empleo del país.

Este triste escenario, en la mayoría de los casos se genera por el puro clientelismo político y la falta de un gobierno fuerte y claro en su accionar. La crisis de Odebrecht ha desnudado una pequeña parte de todo lo que se ha robado al país, pensar que solo una empresa pagó por favores y que solo un funcionario público se aprovechó de su posición es iluso; la verdad es que a todo nivel, gobierno nacional, regional y local, la historia es la misma – corrupción – lo trágico es que nuestro sistema de control administrativo, político y judicial falló estrepitosamente y nadie ha dicho nada.

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En este escenario, el proceso de vacancia presidencial adquiere una relevancia crucial al transformarse en una suerte de evaluación global de las últimas décadas de corrupción. La permanencia del Presidente representa el perdón de los condenados, la negación de la corrupción, la aceptación de las excusas y argumentos falaces; en definitiva, nos condena como sociedad a aceptar y convivir con la corrupción.

Por eso, la vacancia no es un fin en sí mismo, es una oportunidad; la oportunidad de plantear un cambio, de informar a todos que la sociedad peruana no acepta la corrupción, de informar a los políticos que ya no aceptaremos gobiernos que mientan y no cumplan su oferta electoral.

El país se encuentra en su hora más crítica, esperamos que el Congreso tome la decisión de cambiar; porque lo más grave será que el oportunismo político nos coloque en una situación extrema de desgobierno que únicamente servirá para que las posiciones populistas o extremas ganen terreno y en el futuro nuestro país pierda el rumbo que tanto nos ha costado mantener.

¡Por una vez, piensen en el país!

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