Planteando el futuro desde el pasado

¿Nuestra historia económica puede ayudarnos a votar por el futuro?

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En un artículo publicado en la Revista de Economía Institucional de la Universidad Externado de Colombia, denominado “¿Qué tan racional es el principio de racionalidad de Popper?” (1999); se señala que “Para Popper, lo que la economía enseñaba (…) era una combinación sistemática de acción racional humana y de situaciones típicas”, donde la acción racional recae en “una persona capaz de entender la situación social en la que se encontraba y elegir el curso de acción más adecuado” y que la situación social “podía ser reconstruida o representada mediante un modelo que captara los elementos básicos que lo constituían”

¿Qué relación puede tener, el pensamiento de Popper con la actualidad nacional?; obviamente, discutir si el aprendizaje de las situaciones sociales y económicas que hemos vivido en los últimos cincuenta años podría llevar al ciudadano a tomar decisiones racionales para el futuro; a través, en este caso, de la emisión de un voto informado y provisto de una carga positiva de apuesta por el futuro.

En ese caso, es bueno recordar que, en los últimos cincuenta años, hemos pasado por dos grandes modelos económicos, el socialismo populista de Velasco y García que nos llevó a la hiperinflación de fines de los años ochenta y el populismo de derecha de Fujimori en los noventa que luego fuera continuado, en los aspectos macroeconómicos, por los gobiernos de Paniagua, Toledo, García, Humala y PPK que no realizaron ninguna reforma económica propia de fondo.

Desde el plano racional, deberíamos esperar que el ciudadano común sea capaz de informarse y discernir que modelo económico trajo mayores ventajas económicas y beneficios a la sociedad; ¿cuál permite potenciar los factores económicos y cual los restringe?, ¿Cuál alienta la inversión y cuál la controla?, ¿cuál genera mayor cantidad de puestos de trabajo? y ¿cuál los destruye?, es decir, ¿con cuál vivimos mejor?; sin embargo, aquí surge la ideología y el discurso político como el factor que destruye la racionalidad de la teoría económica.

Porque la ideología política cuando se asume como un dogma, por conciencia o interés, no admite equívocos ni errores, siempre dirán lo noble de sus anhelos y acusarán de cualquier error al opositor; aquí se forman lo que la teoría política denomina la “tribu” y que es lo que mantiene a cualquier sociedad en el subdesarrollo, porque no los mueve el interés nacional, sino el del grupo que desea imponer su modelo político económico.

Por eso nos jugamos el futuro económico del país en las próximas elecciones, por la disyuntiva de elegir entre ambos modelos económicos. Hoy estamos capturados por una agenda cortoplacista que nos niega la opción de plantear el debate, pero desde esta tribuna y otras, debemos plantearlo para tratar de devolver la racionalidad al voto popular.

¡Aprendamos de nuestro pasado!

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