El populismo que no debe llegar

Por una Política de Urgencia.

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Gráfica: Diego Iglesias

Fernando Savater en su obra “política de urgencia”,  afirma que el afán por escribir surgía de su larga indignación por el maltrato que sufría entre nosotros la idea de ciudadanía, pieza esencial del juego democrático, en lo cual se mezclan el interesado desinterés de algunos, la descarada manipulación de otros y la flamante ignorancia de la mayoría.

En nuestro caso, la indignación surge por la crisis de confianza generada al cierre del primer año de un gobierno que se inició con el mito de ser de lujo y que concluye sin logros que exhibir y con solo dos años para implementar el resto de políticas públicas; en las circunstancias actuales queda claro que el 28 de julio del 2017 será el nuevo primer día del gobierno de PPK. Se ha perdido un año y eso es indignante.

Es indignante que esta crisis de confianza abone a favor de una serie de opciones radicales que luchan por posicionarse y que aprovecharán un esquema social desinteresado en cumplir las normas para propalarse; el incendio de la galería Nicolini demostró en su mayor profundidad el flagelo de la informalidad, aquella que se construye día a día en el aprovechamiento de los vacíos de la ley o en la promoción de la micro corrupción, aquella que compra funcionarios que otorgan licencias de funcionamiento, defensa civil o liberan choferes que violan normas de tránsito; una sociedad que reclama derechos pero es incapaz de cumplir sus obligaciones por que prefiere el status quo de la informalidad a la creación de nación, donde la ciudadanía democrática se encuentra ausente.

También es indignante que junto a la ausencia de ciudadanía democrática, la debilidad institucional permita la descarada manipulación que grupos radicales realizan del discurso político; ex senderistas y emerretistas proclaman ante los organismos internacionales su intención de participar en política manipulando la historia y presentando los hechos a su mejor interés, sin que nadie a nivel social o político se indigne y tome acciones concretas para su control.

Por otro lado, posiciones como el etnocacerismo desarrollan discursos políticos basados en el patriotismo, en el retorno a modelos económicos proteccionistas y plantean la lucha contra la corrupción con el simple argumento del fusilamiento; todos temas de fácil decir y transmisión a una ciudadanía, democrática o no, sumida en la crisis de confianza, la misma que se extiende a los partidos políticos porque ninguno presenta una propuesta programática real, porque ninguno es realmente un partido político, sino únicamente expresiones populistas o económicas que se construyen alrededor del potencial de un apellido populista, del poder económico de la familia fundadora, del poder económico del sponsor del partido, ideologías anacrónicas o de la simple acumulación de intereses, pero donde ninguno realmente contribuye con la formación de esa ciudadanía democrática que es base del sistema democrático, ninguno construye una visión o modelo de país con miras a su desarrollo hacia el año 2050 por lo menos.

Si a esto agregamos las dificultades económicas que ya se van sintiendo entenderemos el riesgo que existe que cualquiera de estas opciones aproveche «la democracia de los disconformes” para fortalecerse y avanzar en las próximas elecciones, locales y regionales del 2018 y nacionales del 2021, ya que se presentarán, según Savater, como el medio “para desahogar frustraciones y buscar chivos expiatorios” pero no para sentar las bases de un desarrollo futuro.

Para evitar este escenario se requiere de una política de urgencia que evite que nos quedemos encasillados en la coyuntura cotidiana y avancemos; el gobierno tiene que lograr implementar en un plazo muy corto sus principales propuestas de campaña: Agua y desagüe, seguridad y crecimiento económico; y los partidos de oposición deben asumir su rol para aprobar las grandes reformas: Electoral, pensiones, educación, bicameralidad; además de entender que construir ciudadanía democrática depende de partidos políticos sólidos que hagan docencia, respeten las normas y construyan nuevos liderazgos con visión de país, que destierren la posibilidad de que opciones retrogradas lleguen a gobernarnos. Lo contrario, significaría para el Perú, décadas de retraso y miseria. ¡Abramos los ojos!

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