¿A qué se debe el colapso de los partidos políticos?

Columna de Raniero Cassoni, consultor político de República Dominicana. @RanieroCassoni

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Los partidos políticos son instituciones vitales para el mantenimiento de los sistemas democráticos, su rol de articuladores de demandas de la sociedad, lo coloca en una posición de cercanía a la ciudadanía para con el poder y viceversa. En las últimas dos décadas hemos podido evidenciar como su colapso desemboca en una crisis del sistema político, en algunos casos superados con relativo éxito, aunque el común denominador es el surgimiento de outsider que desplazan a los partidos tradicionales.

La permanencia de los partidos políticos en el sistema parece acomodar en los asientos del poder a los dirigentes, quienes olvidan la necesidad de conectar con sus electores, articular las demandas de las comunidades y convertirse en un canal efectivo de comunicación entre el gobierno y la sociedad. Por el contrario, las mieles del poder endulzan la labor partidista que acomodan a una élite, centrándose solo en la forma de mantenerse en lo más alto de la cúspide partidaria y sin el esfuerzo que requieren las nuevas generaciones para comprender las ideologías, así como el verdadero oficio de la actividad política.

Los partidos políticos son las instituciones con mayor capacidad de generar revoluciones en el sistema político; eso ocurre cuando su origen proviene de los movimientos sociales que irrumpen el status quo e innovan las formas de manifestaciones que realizan para presionar a las élites y autoridades.

La mayoría de los partidos políticos de América Latina provienen de una condición de lucha contra las dictaduras que con variantes ideológicas se han hecho del poder. Sin embargo, hoy parece haberse diluido la necesidad de formación y mantenimiento de una filosofía organizacional, por una pragmaticidad de fines electorales para el ascenso al poder.

En una sociedad que en los últimos años ha sido dinamizada por la incorporación de más y mejores tecnologías de comunicación, que ha transformando el ejercicio ciudadano simple en una posición más crítica -pero determinada por las tendencias generadas desde la percepción colectiva- esta situación produce un quiebre en la credibilidad de los partidos políticos, quienes anclados en el pasado, consideran que tienen el fervor popular a su favor a través de acciones clientelistas y discursos mediatizados.

Las recientes victorias de Trump y Macron han generado un gran debate sobre la incidencia de las redes sociales. Al realizar un análisis exhaustivo del sistema de partidos nos encontramos con un descenso en la credibilidad de los mismos; figuras externas relanzan el sentimiento partidista como el caso Trump, o la figura del outsider que construye un nuevo partido con el objeto de transformarse en un representante de las aspiraciones legítimas de la sociedad.

El fracaso de la permanencia de los partidos políticos obedece a una negación a comprender el dinamismo de la sociedad, a direccionar los sentimientos de la población en una vocería legítima, a pensar en la participación desde el capital social y no en una mera expresión de apoyo electoral.

“Menos asiento desde una oficina, por más acción de participación escuchando para traducir en una buena comunicación política.”

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1 Comentario

  1. En el Perú, hasta fines de los ochenta, los partidos nacionales tenían ejes ideológicos muy claros. La caída del muro de Berlín significó un debilitamiento de este factor. Esto, aunado al fracaso económico de los 80, desprestigió a los partidos y, la elección de Belmont y las candidaturas de Vargas Llosa y Fujimori muestran claramente las debilidades de los partidos tradicionales para atraer el voto popular. A inicios del 2000, la descentralización da un golpe mortal a los partidos nacionales, al transferir poder a las Provincias, lo cual es aprovechado por los movimientos populares para formar los partidos locales. La reconstrucción de partidos nacionales pasa por modificar la ley de partidos haciendo más exigente su institucionalización e igualmente otra ley electoral y modificar la ley de descentralización haciendo los Gobiernos Regionales más ejecutivos y menos parlamentarios y menos poder de decisión en temas económicos.
    Lo anterior poco tiene que ver con el desencanto de los partidos en los países desarrollados.

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