EL SILENCIO COMPLICE Y LOS HEROES OLVIDADOS

Sobre lo dicho por la Ministra de Justicia, con motivo de los 13 años de presentación del informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

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Hace más de 100 años, Manuel Gonzáles Prada cuestionando a la clase política peruana de comienzos del siglo XX, escribió la obra “Bajo El Oprobio”, en la que señaló: “El buen ciudadano tiene oídos para escuchar, ojos para ver, más no tiene boca para hablar (…), no cabe duda que en la pusilanimidad de las gentes honradas estriba la fuerza de los picaros; los buenos merecerían llamarse encubridores y hasta cómplices de los malos”.

Estas duras palabras, recuperan su vigencia luego de cada crisis social o económica que nos ha afectado, cuando nos preguntamos como sociedad, ¿Cómo sucedieron estas cosas, porque nadie hizo nada?; estos son cuestionamientos que que se formulaba la Ministra Pérez Tello, con motivo de los 13 años de presentación del informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, respecto al silencio que mantuvo la sociedad, principalmente limeña, durante los años de la violencia terrorista.

Este silencio permitió durante años, que el tema de la violencia terrorista y la respuesta del Estado se mantuvieran en un mundo paralelo, distante, en la sierra lejana descrita por Arguedas y Alegría, pero que adquirió una brutal realidad en nuestra capital, con la detonación de un coche bomba en la calle Tarata, el secuestro en la embajada de Japón y la posterior búsqueda de desaparecidos.

Este silencio cómplice – como señaló Gonzales Prada – lo tuvieron tanto los que callaron y pretendieron explicar o negar las atrocidades del terrorismo homicida, como los que callaron y defendieron los excesos de la reacción del Estado; en ambos casos, como señala Unamuno, «a veces, el silencio es la peor mentira» y esa mentira es la que sigue carcomiendo y postergando la reconciliación de nuestra sociedad.

Sin embargo, este silencio no puede imputarse a toda una generación. Entre los jóvenes de la década de los 80 y 90, hoy con 40 a 50 años de edad; hubo quienes con valor se incorporaron a las FFAA y PNP para combatir contra Sendero Luminoso; muchos no regresaron; entre ellos un amigo como el Teniente EP Miguel Malca quién en 1995, a sus 26 años, murió en una emboscada en la zona de Leoncio Prado, Huánuco; dejando una esposa y un hijo recién nacido y el Capitán EP Raúl Jiménez, muerto en el rescate de los rehenes; otros los que levantaron su voz y combatieron en el campo de las ideas cuando no había salón de clase al que no ingresaran a pedir cupos o realizar una charla proselitista; publicaciones, seminarios y congresos así lo acreditan; todos ellos héroes olvidados por la sociedad.

En ese sentido, la pregunta hoy no está en quién actuó o no para evitar lo que ocurrió; no hay peruano que no tenga un familiar, amigo o conocido muerto o afectado por la violencia senderista y los excesos en la represión del Estado; la pregunta ahora es ¿Cómo llevamos a cabo la reconciliación nacional?; y para ello, sólo hay una respuesta: LA VERDAD. Debemos -como señaló Platón- “Tener el valor de decir la verdad, sobre todo cuando se habla de la verdad” y reconocer que hubo un silencio complice, un terrorismo homicida, una reacción estatal que cometió errores y que así como hay desaparecidos a quién buscar; también tenemos héroes olvidados a quién agradecer. ¡El ojo que llora debe llorar por todos!, ahí comenzará el camino de la reconciliación nacional.

1 Manuel Gonzales Prada. Bajo el Oprobio. París. Tipografía de Louis Bellenand ET Fils. 1933, Recuperado de: http://evergreen.loyola.edu/tward/www/GP/bajo-el-oprobio.pdf

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