SOMOS HIJOS DE LA GUERRA

En relación al ámbito psicológico de la violencia.

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Hace unos días leía por internet un extracto del libro “Somos Hijos de la Guerra” de Gui Arca, donde se realiza un análisis sobre el origen de la humanidad, en base a un nuevo método de interpretación de los hallazgos científicos, denominado “la Psicología Evolucionista Inversa” y en donde se realiza la pregunta ¿Qué diferencia al hombre de los animales?, señalando que la inteligencia racional, entendida como la capacidad de entender los signos dentro de un contexto social determinado y la generación del conocimiento, definida como: la autogeneración de progreso mediante el avance en el conocimiento del ser humano; son los grandes pilares que marcan la diferencia y que hacen posible entender al ser humano como lo conocemos. La obra refiere que el hombre a diferencia de los animales, es el único capaz de hacer la guerra por diversos motivos, ya que tiene una agresividad innata; citando en función a lo expuesto por los defensores de la teoría innatista o biológica, que no existe mecanismo biológico alguno que explique la conducta agresiva, su explicación vendrá de las condiciones ambientales, sociales y culturales que nosotros mismos nos hemos dado y en consecuencia somos los únicos responsables de ella.

Este preámbulo que podría parecer formulado -solamente- para académicos, científicos e investigadores sociales; lo compartía con Gustavo Pacheco Villar, Presidente del Instituto Internacional de Gobierno – IGOB, quien viene participando como observador en el proceso de paz en Colombia; respecto de la incertidumbre; de ¿cómo? – si entendemos que la conducta agresiva o violenta se explica por las condiciones ambientales, sociales y culturales en las que se han desarrollado las personas o determinados grupos sociales – se hará para transformar un proceso mental de conflicto – Que en Colombia ha durado 52 años – en generaciones que han nacido, crecido y madurado en dicha lógica.

Esta incertidumbre se ahonda si refiriéndonos al caso peruano, marcado por la violencia terrorista de Sendero Luminoso y la reacción del Estado durante las décadas de los ochenta y noventa del siglo pasado; reconocemos que hoy, dos décadas después, la sociedad peruana sigue siendo violenta. El caso, hace pocos días de la muerte de una menor de edad en Ayacucho, producto de un presunto caso de violación en grupo, a manos de jóvenes y menores de edad; pone en cuestión, la psicología que presenta nuestra juventud en dicha zona; la cual, como recordamos, fue la más impactada durante la lucha contra el terrorismo. Estos jóvenes son los hijos de dicho contexto, de dicha violencia; ellos formaron su inteligencia racional, viendo o escuchando sobre muertes y violaciones y sin conocer la presencia real del Estado en sus vidas.

Queda claro entonces, que hablar del éxito de los procesos de paz en zonas convulsionadas por años de terrorismo o cualquier otro tipo de conflicto externo o interno, demandará de parte del Estado, la obligación de trabajar el ámbito emocional, psicológico de la sociedad; para reconvertir una psicología de guerra a una de paz, una de ausencia del Estado, a otra de presencia y respeto. En Colombia, es una tarea que se viene y el plebiscito será crucial.

En el Perú; en cambio es una deuda que aún perdura; hemos tenido años de un mensaje político no gubernamental que ahondó en la contradicción y donde el mensaje gubernamental fue inexistente para recuperar la psiquis social en favor de la reconciliación; además de carecer de eficiencia para hacer llegar el Estado ahí donde la violencia terrorista y la represión, actuaron en mayor medida.

Hoy «propuestas de gobierno para incidir en políticas de salud mental», serán el primer gran paso para atender esta necesidad. Sin embargo serán insuficientes para recuperar la confianza nacional con miras a la reconciliación; si no acompañamos las mismas con una presencia real del Estado en las zonas más vulnerables a estos problemas. Salud, educación, seguridad y oportunidades serán claves para decir que NO somos hijos de la guerra.

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