The Politics will be Female?

Mujer y la política de hoy, por Cristabel Cartaya.

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Hace pocos días, la editorial Merriam-Webster eligió el término feminismo como la palabra del año. La escogencia de esa palabra se debe a que su búsqueda en internet ha subido en un 70%. “La Marcha de las Mujeres” tras la investidura de Donald Trump, la campaña “Me Too” sobre los casos de acosos revelados y las numerosas manifestaciones en el mundo contra la violencia hacia la mujer enarboladas en la frase “Ni una menos “han impulsado que este término hoy sea más buscado.

El feminismo, entendido como la búsqueda de equidad entre hombres y mujeres, pareciera que está logrando ampliar su público y que la idea que tiene la sociedad sobre nosotras y sobre nuestra participación en la sociedad está cambiando. Si vemos el escenario político actual -teniendo en cuenta que aún no vemos equidad plena- notamos la creciente presencia de liderazgo femenino como el caso de Theresa May, Ángela Merkel o Michelle Bachellet. Pareciera pues, que no sólo se trata de búsquedas en Google, sino la respuesta a una gradual inclusión de las mujeres en los temas públicos

Nuestra inclusión como parte beligerante de la vida pública produce transformaciones. En el campo económico, por ejemplo, ya se habla del fenómeno “womenomics” que refiere a los cambios de patrones de consumo que propiciamos las mujeres, y en el campo político las mujeres afirman que su participación ha introducido cambios en el ejercicio del servicio público. De manera que no sólo se traduce en una sociedad más equitativa sino también aportamos para conducir a las sociedades de formas diferentes.

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Pero ¿Porqué ejercemos liderazgos distintos? Porque usamos otras habilidades. Es bien sabido que las mujeres empleamos prácticas distintas para relacionarnos con el otro y ello en la política está causando una diferencia. Parte importante de estas destrezas son:

Sensibilidad Social

Una encuesta hecha a 187 parlamentarias de 65 países, arroja que el 40% de ellas declaro que había entrado a la policía a través de organizaciones no gubernamentales o haciendo trabajos sociales[1]. De hecho, el grueso de las mujeres que están en la política son, al menos en sus comienzos, líderes comunitarias. Estos comienzos nos da mucha mayor claridad el porqué de nuestra labor y define así el eje de nuestras acciones.

Empatía

El liderazgo femenino se caracteriza en la preocupación por ponerse en el papel de otros y entender las preocupaciones y opiniones de quienes las rodean. Quizá por nuestro histórico rol cuidador, la mayoría de las mujeres propician una gestión más humana que produce a largo plazo relaciones más estables y duraderas con su entorno y esto genera más confianza, compromiso y por ende el establecimiento de relaciones más profundas y leales.

Emocionalidad:

“Es cruel. Es aterrador. Y la verdad es que me duele. Nos duele”. Esta frase la emitió Michelle Obama en uno de sus últimos discursos en la campaña electoral de Hillary Clinton, y fue uno de los discursos con mayor impacto de la contienda. Esta frase tan sencilla pero emocional, tuvo un increíble poder de convocatoria, de influencia y aunque no ganaron las elecciones, nadie tiene duda que estas palabras fueron elementos que fortalecieron el liderazgo de la ex primera dama.

La capacidad de transmitir lo que se siente, ha sido subestimada en el mundo masculino y aún más en el mundo político. Se entiende que un estadista está vinculado más con la racionalidad política y menos con la emotividad; sin embargo, la faceta humana de un líder y su capacidad de mostrar sentimientos y entender el de otros (la empatía que ya hablamos) es esencial en un político actual. Como refiere Martin Lindstrom: El 80% de toda comunicación entre humanos es no verbal y el 95% se realiza a través del subconsciente. De ahí, la importancia de construir la relación política como una experiencia emocional que active nuestros mecanismos internos y consiga la actitud y predisposición necesaria para conseguir una acción concreta: la participación, el voto, la simpatía… [2]

Si pudiéramos resumir qué factor convierte el liderazgo femenino en un ejercicio distinto, podría decirse que es nuestra emocionalidad. Aquellas características que hasta hace muy poco éramos subestimadas, son en realidad nuestras fortalezas. Las mujeres solemos ser sensibles, empáticas, cohesionadoras y ello facilita alianzas y equipos. Ello ha propiciado que nuestra participación en la política predisponga alianzas más equitativas, votantes más comprometidos y políticas publicas más sensibles

Las mujeres en la vida pública han llegado para quedarse. Nuestra participación en todos los ámbitos de la sociedad y el aporte de nuestra mirada a la sociedad está transformando al mundo. El feminismo ha liderado el 2017 y no cabe duda que seguiremos abriendo puertas en los próximos años, dicho de otra manera, the future will be female.


[1] https://www.unicef.org/spanish/sowc07/docs/sowc07_panel4_1_sp.pdf

[2] http://www.gutierrez-rubi.es/2007/12/05/la-politica-de-las-emociones/

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