‘Todos corremos peligro’: Más muertes y menos garantías en Nicaragua

Aumenta la tensión en Nicaragua al aferrarse fuertemente al poder el presidente que hace años gobernó. Ahora 2 estudiantes fueron asesinados por fuerzas paramilitares respaldadas por el gobierno nicaragüense y la sensación de inseguridad sigue en aumento exponencial.

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CIUDAD DE MÉXICO — Fuerzas paramilitares respaldadas por el gobierno nicaragüense mataron a dos personas este sábado durante un asedio de doce horas contra una iglesia en Managua en la que estudiantes buscaron refugio, dijo un oficial de la Iglesia católica.

El asalto ocurrió cuando los paramilitares intentaron retomar el campus de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, que ha estado ocupada por estudiantes desde hace más de dos meses como parte de las protestas nacionales que exigen reformas democráticas y la renuncia del presidente Daniel Ortega y la vicepresidenta Rosario Murillo.

Alrededor de cien estudiantes, junto con obispos y periodistas, estaban refugiados en la iglesia Jesús de la Divina Misericordia y enfrentaron horas de balazos hasta que mediadores eclesiásticos gestionaron su salida en la madrugada, dijo el cardenal Leopoldo José Brenes Solórzano, arzobispo de Managua, quien confirmó las muertes.

Ortega, un hombre que regresó al poder hacer once años después de encabezar un gobierno revolucionario en los 80, ha enfrentado una furia cada vez mayor por parte de los ciudadanos desde que anunció cambios en el seguro social hace tres meses y el gobierno comenzó a reprimir las manifestaciones pacíficas.

Desde entonces, decenas de miles de nicaragüenses se han alzado en contra del gobierno con protestas en las calles y barricadas para frenar fuerzas paramilitares encapuchadas, a las que grupos de defensa de derechos humanos culpan de más de 270 muertes desde abril.

El gobierno ha acusado a los manifestantes de intentar dar un golpe y Ortega ha rechazado la propuesta de la Conferencia Episcopal de Nicaragua de celebrar elecciones anticipadas en marzo. Las protestas en su mayoría han sido pacíficas, pero algunos manifestantes se han armado con morteros caseros y cocteles molotov. Entre los muertos hay algunos policías.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos dijo el miércoles que han muerto 264 personas desde que empezaron las protestas (el comisionado Paulo Abrao revisó la cifra el sábado a 273) y alertó de que la violencia se ha intensificado desde principios de julio, particularmente con las embestidas del gobierno a zonas barricadas; 34 personas fueron asesinadas apenas en la última semana.

En un intento renovado por presionar a Ortega, la Alianza Cívica para la Justicia y la Democracia, que agrupa a estudiantes, empresarios y campesinos, convocó varias acciones: miles marcharon en Managua el jueves y hubo un paro general el viernes.

La operación paramilitar contra la UNAN empezó el viernes por la tarde. Cuando los estudiantes se dieron cuenta de que eran superados en número buscaron refugio en la iglesia, ubicada en las afueras del campus, dijo el cardenal Brenes.

La mediación episcopal permitió la evacuación de catorce estudiantes heridos la noche del viernes, pero el fuego paramilitar continuó hasta la mañana del sábado.

Brenes les dijo a reporteros que los negociadores eclesiásticos se abocaron casi toda la noche a conseguir el visto bueno de la oficina presidencial para ingresar con seguridad. A las siete de la mañana, Brenes, otro oficial y monitores de derechos humanos llegaron con autobuses y ambulancias para evacuar a los estudiantes.

“Hemos pedido seguridad, pero pues no tenemos seguridad”, dijo el cardenal respecto a los ataques paramilitares. “Corremos peligro”.

Fuente: The New York Times

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